Nidos. Comidas. Rutinas. Sonidos.

  • Cambiar todos los títulos a Capítulo X
  • Publicar proyecto de Criptomoneda en Behance
  • Postal, terminar de dibujar
  • Poner link a todos los países que nombré. Corea, China, India

Y tras pasar un mes en China, el país donde los monjes tienen que llenar un formulario para reencarnar, nos mudamos a Tailandia; el país donde cada casa tiene una casita para sus espíritus! ❤️

Espíritus con diabetes

 

Blanqueamos desde el principio que éste post es de carácter elitista. Está dirigido únicamente a gente privilegiada; lease, gente con tiempo. Recomendamos su lectura en un espacio silencioso con auriculares.

Bon voyage!

 


PARTE 1


 

Bangkok

Volver a Tailandia se siente como volver a casa, es tierra conocida, es tierra querida. Llegamos a las cuatro de la mañana, nos tomamos un bus destartalado y nos vamos a hacer tiempo a Starbacks mientras nos damos la necesaria inyección de occidente que tanto necesitamos cada vez que dejamos China. Nuestra perdición: la croisant con doble queso.

La cantidad de queso que usa esta corporación es simplemente obscena. En un solo mordisco siento el perfume del queso que hace meses que no como y el aceite de la croisant de no tan buena calidad que por alguna razón mi paladar adora.

Qué placer por favor poder disfrutar de esa bola amorfa que es el queso derretido! DIOS SANTO!!

Ya en nuestro nuevo departamento, ni bien abro las ventanas, el pájaro que suena en Tailandia nos da la bienvenida.

En un par de horas pasamos de -10 grados a 40! Cincuenta grados de diferencia! Hacemos una montaña con la ropa de invierno que huele a muerte deseando hecharle un fósforo y que arda, pero controlando nuestros impulsos la depositamos en el lavarropas.

Liberada de las mil capas salgo en búsqueda del mercado de mi nuevo barrio. Irradio energía! Camino sintiendo cómo mis poros sonríen al recibir sol. El calor de Bangkok suele expulsarme pero hoy lo disfruto como si fuese la primera vez que siento el sol -Ilusión que va a durar lo que un pedo en la cesta, como diría mi delicada madre-.

Estamos en uno de los tantos barrios súper tranquilos de la Bangkok frondosa, viva, llena de plantas y ardillas corriendo por los cables de luz. A lo lejos diviso la avenida donde me espera el caos y los miles de puestitos de comida extremadamente deliciosa. Qué bueno volver a casa por diosss!

Un señor me dice con gestos que estoy muy linda. Salvo por un ser que decidió masturbarse al lado mío en un bus en Sri Lanka, hace cuatro años que nadie me comunica sus deseos de insertarme nada en ningún orificio del cuerpo – como solía pasarme a diario en Argentina. Amo moverme por calles nuevas, sola y sin un ápice de miedo -supongo que así debe sentirse el ser un hombre.

Camino por las calles de Bangkok como si pudiera llevarme el mundo por delante mientras escucho éste temazo de Charlotte Gainsbourg:

Vinimos a Tailandia por dos razones:

1- Hace ya tres años que no visitamos ni un médico.
Quienes viven en países como Estados Unidos, donde prácticamente tienen que vender un órgano para pagar los costos de la medicina, a veces tomarse un avión y ver a un médico en la otra punta del mundo, sale más barato que ver al que atiende en la misma manzana de su casa; generando así el famoso turismo de salud.

Tailandia es el rock star del turismo médico, cuando estás en un hospital -de las zonas turísticas- de a ratos tu conciencia puede tener lagunas en la que no sepa si se está en un shopping, un hotel cinco estrellas o un hospital; y más allá de ésta superficialidad irrelevante, los médicos son muy buenos.

2- Segundo, pero no menos importante, nos estamos quedando sin dinero. Hay que parar a trabajar.

Tras una semana de organización en Bangkok decidimos hacernos los chequeos médicos en Chiang Mai, una ciudad bastante más chica al norte del país. Y como si estuviésemos en completa sincronía con andá a saber qué, en esa semana llega exactamente lo que vinimos a buscar: trabajo.

Juliana (Colombia) y Jaiden (Estados Unidos) están desarrollando un juego que se llama FOURZY y están en Chiang Mai! Después de 12 años de trabajo freelance, Juan va a tener su primera reunión en persona con sus nuevos clientes -y cuasi vecinos-.

Juliana y Jaiden

 

soltando el oliva EN Chiang Mai

Nos tomamos nuestro tren preferido de Asia y llegamos a Chiang Mai, una especie de paraíso gastronómico. A los sabores locales se le suma el poder reencontrarte con la palta, la quinoa, la kombucha, el yoga astral y los cuencos galácticos.

Después de pasar un mes en China, donde hasta la lechuga pasa por la sartén antes de ser consumida, reencontrarnos con todas estas joyitas de la tierra es una fiesta. Acá un almuerzo que nos preparamos en la nueva casa:

Avocado, rúcula, tomates cherry, berenjenas, papas condimentadas con el ingrediente que nació para acompañarlas: romero, una especie nueva de hongos que encontré en el mercado, porotos, repollo colorado y zanahoria.

Pasamos Navidad en Chiang Mai siguiendo nuestra tradición muy al pie de la letra. El 25 por la mañana suelo recibir un mail de mi mamá emocionadísima enviándome todos los buenos deseos que una madre puede generar, y medio dormida le pego un grito a Juan:

– ayer fue navidad…
– ahh… pensé que faltaban unos días…

Vibramos energía navideña.

Mientras caminamos por las calles de la Chiang Mai budista plagada de Papas Noeles incitando al consumo, un grupo de personas cantan villancicos en la puerta de una iglesia. No hay una vez que me cruce con semejante fenómeno que no me quede absorta mirando sus caras desando tener superpoderes que decodifiquen el porqué esas personas están haciendo lo que hacen. ¿Qué es lo que la vida te pone en frente para que termines cantando villancicos en la puerta de la iglesia? Si, suena desmerecedor, pero es pura curiosidad.

Una de las cosas que más valoro de éste viaje es que me fuerza a cruzarme con personas súper diversas que me abren las puertas de sus universos.

Natalie, un nombre que invento mientras escribo para permitirme ventilar su privacidad libremente, comparte la casa con nosotros y canta villancicos en la puerta de las iglesias.

Mientras tomo un té y ella que un café que Juan nos preparó, le pregunto por la cicatriz que tiene en su garganta. Tras una pausa, me cuenta que suele responder que fue una simple intervención quirúrgica, pero ese día decide explayarse. Como la mayoría de las mujeres en Sudáfrica, como su mamá, como su hermana, a Natalie la violaron y golpearon repetidas veces. A los veintitantos anos cansada de su existencia trató de matarse con una sobredosis de antidepresivos, pero un mal cálculo -o un infiltrado deseo por quedarse de éste lado- la dejó en estado vegetal. La cicatriz que lleva en la garganta es la que le dejó el respirador que la mantuvo viva por meses. Cuando no entiende por qué hay tanta mierda en su vida, reza y entregarse a la figura de Jesús, la reconforta.

Ahora transita la etapa clave de la recuperación: salirse de su ombligo y ayudar a los otros para poder así transformar la mierda en oro. Estudia abogacía para tener más herramientas para ayudar a los derechos de las mujeres. Mientras trabaja en una  ONG ayudando a mujeres rescatadas de la trata de personas. Cuadno la escucho pienso en lo agradecidas que se deben sentir esas mujeres al conocerla. Y como esa ayuda les llega gracias a todos los eventos no deseados que tuvo que transitar Natalie, dejando en descubierto la infinidad de matices que encubres cada acto acción o evento que se produce.

Éste es el primer año nuevo que pasa fuera de Sudáfrica, preparamos comida entre los tres y a las 12 nos fuimos a la terraza a ver las miles de lámparas de fuego que volaron en el cielo.

Eventualmente nuestra habitación se alquiló, en nuestro lugar llega una cocinera de Corea del Sur que está escribiendo un libro de recetas, nos cuenta Natalie por teléfono.

Un día antes de la mudanza encuentro una casa bastante particular… ya habiendo resuelto el tema de los médicos no hay necesidad de quedarse cerca del centro.

nido nº1 –Samiland

Hola casa nueva!!!

Pedazo de oficina ligamos!

Desde la cama se escuchan a los peces saltar, hay sonidos de todo tipo.

Una noche, mientras trabajamos, suena un golpe muy fuerte en las escaleras. Inclusive Juan, que estaba escuchando música con auriculares, pausó a ver qué había pasado. Abro la puerta y está ella, una compañera de hábitat que calló del techo a nuestras escaleras…

Pedazo de bicha

Sami compró esta porción de tierra como un arrozal seco y lo reforestó hasta que no quedó ni medio milímetro libre sin árboles. Dadas las nuevas condiciones de abundancia, todos los animales de la zona decidieron mudarse y viven con nosotros en éste pedazo de paraíso.

Al rededor del estanque hay unas 4 ó 5 casas. Frente nuestro vive quien es hoy mi hermana china: Xinxuang Ning!. Fue ella quien me dio la clase magistral de confucionismo que compartí en el post anterior.

Si bien es ella quien me cuenta que su cuerpo pertenece a sus ancestros, un par de años atrás estaba en México casándose con su actual esposo ruso, a escondidas de su familia -y de sus ancestros-.

Su compañero, Никифоров Кирилл, Kirill no es chino, es pelado y usando etiquetas capitalistas, es pobre. Estos tres elementos lo convierten en la pesadilla de cualquier familia china.

Pero he aquí la bella excepción a la regla! ❤️

En una de las visitas que hacemos a su casa probamos chiche nuevo, su iPad Pro y entre los cuatro dibujamos a la Cebolla:

❤️❤️❤️

Ahora estamos a una hora de Chiang Mai, donde sólo vuelvo para comprar aceite de oliva. Aprovecho el viaje para comprar café para Juan. La gente local únicamente toma veneno en polvo: Nescafé. Además encuentro el dato de una tienda india que vende garbanzos en un mercado al este de la ciudad así que agarro la moto y viajo 3hs para conseguir el oro líquido y los granos.

Si bien Chiang Mai es una ciudad chiquita comparada con Bangkok, hay mucha gente, mucho tráfico, mucho ruido, mucho calor. A la vuelta, mientras voy dejando la ciudad atrás, siento cómo la temperatura va descendiendo, los ruidos de las máquinas desapareciendo hasta quedar tan sólo el sonido de los pájaros, el viento y el motor de mi moto. Rodeo los campos de arroz amándome por la decisión de no vivir en la ciudad.

Dejo los garbanzos en remojo y al día siguiente preparo falafel que envuelvo en chapatis, y aderezo con hummus, todo bañado en abundante oliva.
Sammi no puede creer que pase 4 horas cocinando. Cuando cocinas comida tailandesa, si tardás más de 30 minutos es que  hay algo que hiciste muy muy mal.

Por la tarde -o cuando logramos vencer a la némesis- nos damos un chapuzón super refrescante en el estanque.

Las noches en las que no tiene resaca, Sammi se encarga de preparar reuniones llenas de comida y amigos que adormecen su profunda soledad.

Al toque le rancheamos las reuniones con un fuego magnético en el medio de la galería .

(ruso con buzo de River)

Sammy está completamente enamorado de Juan y Kirill.

Volver a generar vínculos nos hace registrar lo solitarios que habían sido los últimos tres meses que pasamos en Taiwan, China y Corea del Sur. La barrera idiomática se hizo sentir y no hay demasiados turistas.

Con el pasar de los días, me quedo sin oliva otra vez y mientras me preparo para hacer de nuevo el viaje a la ciudad, Juan me lanza su frase que queda clavada en mi almita herida: – SOLTALO, estás en Tailandia.

Si bien el pasar tanto tiempo de a dos puede hacer que los límites se difuminen, dentro de lo posible, intento mantener mi esencia lo más intacta posible. Manejar 3 hs por un nectar que adoro es algo muy mío y no está en mis planes modificar. Pero por alguna cuestión sus palabras me resuenan y decido aceptarlas, al menos para experimentar por un rato y darle a lugar a la próxima etapa:

 

MI VIDA SIN EL OLIVA

Los capítulos nuevos de la vida, al menos en la mía, suelen abrirse cuando un objeto -o muchos- se mueven de lugar. Por más que te suene una pelotudez, el oliva dejó un vacío que prontamente algo nuevo llenaría.

El laboratorio de cocina presidido por Sammi fue ese nuevo elemento.

Cada almuerzo, con resaca o sin resaca, Sammi se prepara un festín; y por el mes que pasamos en su casa, me convertí en su Juanita.

En ésta última foto, un vecino le trajo a Sammi unos pescados de su estanque que con Xinxuang  nos encargamos de limpiar. No sé si usar la palabra placer para describir lo que siento al destripar un animal, pero sin dudas lo disfruto. Siendo vegetariana hace unos 17 -18 años es una sensación bastante contradictoria. Tal vez sea la curiosidad de ver lo que suele estar cubierto, de entender las formas, o esa maldad inherente al ser humano que muchos consideran simplemente tener en mis manos un registro tangible del carácter frágil y efímero de mi ser, y de todo lo que me rodea. Sea lo que fuera, en 10 minutos los pescados están listos para marinar y freír.

Sami ya está brindando en la mesa y yo me quedo al lado de ellos viendo cómo el aceite va transmutándoles la piel.

Cuando le pido que prepare platos específicos me manda al mercado a comprar los ingredientes.

Pad See Ew, el plato preferido de la temporada

Otras veces recolectamos plantas por el barrio.

Sammy creció en un campo de arroz ayudando a su familia; mientras recolectamos el morning glory que crece en los bordes del arrollo, me dice que tenga cuidado con las serpientes. Selecciono las ramitas más jóvenes midiendo a la tremenda araña posada sobre una hoja, entre tantos otros bichos que me cruzo.

Sigo recolectando pensado en esa vida que deseo tener en algún futuro. Mi huerta, mis animales y los peligros que envuelven a la naturaleza que a veces logra disfrazarse de paradisíaca o pura. Todo quiere matarte, diría Santi, el hermano de Juan.

Pienso en cómo el humano erradicó todo este tipo de peligros al crear las impolutas góndolas de supermercado que parecerían no implicar ningún riesgo aparente, –hasta que lees los ingredientes o te informás sobre cómo fue producido/criado esa comida.

A la vuelta nos cruzamos con una planta llena de flores que nos van a servir para hacer un segundo plato. Igual que en China, el centro de la comida es el arroz blanco, sin sal ni nada. Para un tailandés si no hay arroz, no es comida. Los platos que se van a comer junto con el arroz son las bombas de sabor que van a impregnar al grano insulso.

omelette de flores ❤️

Tras compartir 2 semanas con Xinxuang y Kiril, una cocinera de Corea del Sur que está escribiendo un libro de recetas alquila su casa, pero por suerte encuentran otra por el barrio para poder seguir juntos.

Si en éste momento del relato encontrás alguna coincidencia con el por qué nosotros nos tuvimos que mudar de la casa anterior, es un signo de que tu memoria funciona bien. Te felicito. La mía no pasó la prueba; pasamos dos semanas con Juha visitando mercados, cocinando e intercambiando recetas para que recién desde Corea del Sur me escriba diciendo que había encontrado mi nombre en el historial de inquilinos de la casa anterior.

Juha y Sammi

Obviamente al tener una cocinera coreana de vecina no pudimos resistirnos y le pedimos que nos prepare un frasquito de Kimchi que devoramos.

Kimchi de Juha

Tras Juha, llegó Brandon desde Estados Unidos, quien probablemente hoy lea éstas líneas desde su país.

Eventualmente la historia se repitió, alguien alquiló nuestra casa y nos tuvimos que ir. Y porque este lugar tiene algo mágico… a éste alguien lo vamos a reencontrar en el futuro.

 

nido nº2 – la casa de las vacas

Un eclipse de luna roja nos da la bienvenida a Pai donde tras dos días de búsqueda aparece nuestro nuevo hogar:

Parece normalita, pero he aquí la parte de adelante:

búfalos

Y la parte de atrás:

vacas

La dueña busca por horas las llaves. A pesar de estar totalmente equipada con una computadora Mac inclusive, hace años que no las usa. Nos dice que podemos usar la moto pero tampoco nos deja las llaves que obviamente están puestas en la moto al lado de la puerta abierta. ¿Dónde más?

De nuevo en una casa sin llaves ni rejas las preocupaciones se reducen a una manada de perros que visita la propiedad por la noche y corre a nuestros nuevos gatos.

Ella parió en la noche del eclipse así que quedamos a cargo de los nuevos seres. No conforme con nuestros cuidados, decide llevárselos a vivir al techo de la casa cargando uno por uno. Me subo a una mesa y le voy pasando los que faltan.

Cuando se hincha las bolas de sus labores maternales, se toma un recreo con nosotros.

Ya con menos distracciones, 8 am estamos arriba -para ésta etapa, 8am es temprano-. Preparamos la ensalada de frutas, Juan hace yoga con los gatos, riega las plantas y después nos ponemos a trabajar.

Al mediodía preparamos un almuerzo juntos. Tenemos una cocina chiquita, pero le sacamos humo:

Preparé mis primeros spring rolls

Pad See Ew + chimichurri tai (salsa de pescado, ajo, chili, limón y azúcar)

Las primeras ensaladas de papaya

machacando la papaya

(Salían más bien flojitas. Hoy, si me pongo un puestito, me lleno de oro. TRE-MEN-DAS ME SALEN!)

Con las sobras del Kimchi de Juha preparo mi panqueque coreano preferido -que se me rostizó un poquito-.

Cada tanto aparecen las raíces italianas en forma de albóndigas de seitán y hongos con salsa de tomate que preparo triturando unos tomates y caramelizando las cebollas con bastante azúcar de palma para que no me pidan a gritos un chorrito de oliva.

Después de almorzar le llevamos a las vacas los deshechos orgánicos. No dejan nada!

Por la tarde no queda otra que entregarse al calor. Ésta casa me lleva a dormir siesta casi todos los días. La música de las campanas de las vacas, la  paz del campo y el calor tienen una especie de efecto hipnótico que me va meciendo, el libro que leo se cae quedando en una especie de limbo donde solo quedan campanas sonando en la oscuridad.

Cada casa que habitamos nos va moldeando nuevas formas de vida. Es interesante ver cómo lo que haces cada día no sólo es un producto de tu deseo o rutina, sino de la estructura que te contiene, que te marca ritmos, te inspira a ahondar en ciertas actividades y bloquea otras. Y ni hablar del contexto donde ese hogar está insertado!

Siempre nos imaginamos que mientras los Vikingos, por poner un ejemplo, andaban luchando tratando de colonizar cada pedazo de tierra que se cruzaban, en Tailandia la gente seguramente estaba muy tranquila durmiendo la siesta. Si hoy la gente vive a un ritmo completamente diferente, imaginate en otras épocas…

La dueña nos dijo que mantengamos la cerca cerrada para que las vacas no se coman la huerta; pero afuera no hay pasto y adentro hay demasiado por lo que en pocos días las reglas se flexibilizan…

Mudo mi oficina afuera para poder trabajar y cuidar que las vacas no se coman la huerta, llegamos a tener unas 10 vacas.

La  huerta está bastante descuidada. La miro deseando tener una propia y recordando cuántas cosas plantamos en el medio metro de tierra que teníamos en Buenos Aires. Tras un par de días de encontrarme en la ridícula posición de estar deseando tener una huerta mientras tenía una al frente, reaccioné.

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Por qué voy a cuidar de una huerta únicamente si es la mía? Claramente me estaba dejando llevar por ese delirio de la conciencia que hace que nos pensemos como unidades separadas donde lo único que importa es lo mío. Mi familia, mi casa, mis amigos, mi huerta.

Mientras las nuevas ideas se acomodan me pongo a trabajar. Saco todos los yuyos, armo un canal de riego, germinamos las semillas de las verduras y frutas que comemos y las pasamos a tierra cuando ya están listas.

Un mes después escucharía a Jack Kornfield englobar en una frase clarísima lo que estaba sintiendo:

The true joy in life is to plant trees under the shade you don’t expect to seat. To be able to add something to the world not because is something for you as this separate small self, but because you sense yourself as a part of something bigger. That is what make us happy.

Algo así como:

La verdadera alegría de la vida es plantar árboles bajo cuya sombra no esperás sentarte. Ser capaz de dar algo al mundo no porque sea algo para vos como ser pequeño y aislado, sino porque te sentís parte de algo más grande. Eso es lo que nos hace feliz.

❤️

Cuando baja el sol, regar y trabajar trabajar en la huerta nos dá un buen recreo de las computadoras.

Con las manos en la tierra, pienso que deberíamos encontrar una forma que las vacas nos beneficien y ellas se beneficien con nosotros; en construir una relación basada en el mutualismo.

Una idea tan simple es la base de cualquier relación: que ambas partes crezcan gracias al otro. Si tan solo pudiésemos equilibrar estas relaciones dejaríamos de relacionarnos parasitariamente con el planeta que habitamos.

Cuando se va el sol y llegan los mosquitos trabajamos un poco más, y después cerramos el día preparando una cena .

Siguiendo con el fluir inmobiliario, la casa se alquiló; pero nuestros vecinos, Oli y Celine nos encontraron otro nido y entre los 4 hicimos la mudanza. Celine es escritora y Oli trabaja seis meses como diseñador gráfico, y seis meses como voluntario en distintas partes del mundo ayudando a animales en extinción.

Ellos también se tienen que mudar en 15 días y nos invitan a que alquilemos una casa con ellos Nos dicen que el lugar nos va a gustar es en las orillas de un estanque en las afueras de Chiang Mai.

:)

Si, Celine y Oli se fueron a vivir a la misma casa donde vivieron Xinxuang, Kirill, Juha y Brandon.

 

nido nº3

Intenté sacarle fotos a la casa que nos encontró Celine, pero hay taaaaantas flores, que no encontré un buen ángulo.

Santa Rita

En la parte de atrás hay una construcción aparte donde está la cocina, clásica decisión tailandesa que robamos para armar nuestra casa imaginaria.

La cocina y mi colección de salsas

Estamos casi en la base de una montaña, ésta es la vista de la parte de atrás:

Hay varias fotos de amaneceres porque la casa está elevada para protegerse de las inundaciones y uno de los gallitos toma la decisión de ponerse a gritar a las 5 am, cada mañana, exactamente debajo de nuestra cama.

Cuando salís de la selva de Santa Ritas se pueden ver pedazos de cielo:

Cada vez que tenemos gallinas detectamos que hay una que se destaca y la llamamos Superior. Suele ser la que menos esperas!

La primera Superior que conocimos comía Pad Thai del wok que le dejaba abajo de la mesa mientras almorzábamos.

Ella es la Superior de Pai:

Superior es tirando a  fulera, pero las apariencias son lo de menos. Ella es valiente y desde el primer día su intuición le dice que puede confiar en nosotros, mientras que al resto, le lleva más tiempo.

Juan aprendió a conversar con las gallinas que le responden mientras lo miraban completamente extrañadas. Las amo un montónnnnn!

Finalmente llegó el proyecto que tanto esparábamos, ese proyecto que costearía probablemente el próximo año de viaje, así que para el almuerzo preparamos algo simple TODOS juntos.

Seis meses en India hicieron que los chapatis entren en la categoría de simple.

Mientras los amaso, Superior pega un salto y tras un par de aletazos está arriba de la mesa picoteando los pedacitos de masa que “se me escapan”.

#HOLABROMATOLOGÍA

Ninguna Muralla China o Taj Mahal supera el amasar chapatis con Superior en Tailandia. ❤️

Mientras amaso hago los movimientos que vi a mi papá hacer durante eternidades y que él vio de su mamá. Si hubiese tomado algún alucinógeno, vería una ramificación de manos amasando los chapatis. Pero al no haber ningún intoxicante de por medio, me limito a imaginarlos.

Cuando termino huelo la masa y hundo un dedo; como hice con cada masa que papá me dio para oler.

Mirá qué bellos nos salieron:

A la harina le agrego abundante pimienta negra recién molida, ají molido y sal para que tenga un saborcito de base.

Por la tarde el calor nos tumba pero la siesta ya no es una opción. Juan saca la mesa afuera para trabajar más fresco y Superior se duerme una siesta junto a él.

❤️

Por la noche podía dedicarme a preparar algo más complejo, como puede ser el pan chino de verdeo que nos encanta acompañado por algunas verduras o un curry para mojarlo. CA_RA_JO!

Para generar un efecto tipo ojaldre hay que ir estacionando la masa en intervalos de 20 minutos.

 ‘

Se cocina sobre una superficie plana, pero un wok es todo lo que tenemos (prácticamente hace 4 años!).

Antes de sacarlo lo vas apretando y rompiendo para reforzar lo crujiente. 

Una noche, cuando estoy por pegar un grito al cielo porque se acabó la garrafa, Juan hace uso de sus neuronas y encuentra la solución: mientras él busca leña con su linterna, yo preparo una mini cocina en el jardín y terminamos cocinando y comiendo bajo las estrellas con la luz del fuego rodeados de las gallinas que ya duermen en los árboles.

❤️

Pero el reloj nos corre, los tres meses de nuestra visa se están por vencer y recién estamos empezando el proyecto que pinta para largo. Nuestro próximo destino es el vecino Laos, país poco desarrollado donde la infraestructura y las comodidades para trabajar se reducen considerablemente.

Nos toca decidir nuevamente…

Como despedida, después de limpiar y armar las mochilas, les dejamos un plato gigante de arroz a las gallinas, nos subimos a la moto y dejamos atrás otra casa más. No me puedo secar las lágrimas de la cara porque la moto está muy pesada con todos nuestros bártulos y podría perder el equilibrio…

 


LAOS

Llegamos a la frontera con Laos el último día de nuestra visa tailandesa, media hora antes de que cierren las puertas. Caminamos del otro lado cargando únicamente el alivio de haber podido salir a tiempo.

La mente está en blanco.

Sabemos que es hora de tomar una decisión, pero todavía no la vemos clara. Buscamos un hotel donde pasar un par de noches mientras esperamos que el próximo paso termine de cuajarse.

Son días de cansancio y malabares para que la incertidumbre no nos coma.

Poco a poco, las piezas van encontrando su lugar cual tetris, la luz se prende y el milagro sucede:

HABEMUS DECISIÓN!

 

 


PARTE 2



DE VUELTA A CASA!

Encontré una casa que excede nuestras necesidades en Tailandia a tan sólo media hora de la frontera y hacia allá vamos. El mismo oficial que selló nuestro pasaporte 2 días atrás suspira resignado al ver a estos residentes.

Del otro lado de la frontera están los dueños de la casa esperándonos para llevarnos a nuestro nuevo nido.

Con algo de pudor escribo que pegamos terrible casa: dos pisos, dos cocinas, mesas para trabajar por todos lados, buenas luces para dibujar de noche, una pileta enorme, mesa de pool, piano eléctrico… una fiesta.

La alquilamos por un mes, pero para qué intentar generar intriga si siempre pasa lo mismo… Tailandia nos chupa, el proyecto se extiende y nos terminamos quedando otros 3 meses, tratándose éste post sobre el MEDIO AÑO que vivimos en Tailandia.

 

Khun Tan – nido nº4

En éste pueblo vive la familia de la esposa de Heinz, el señor suizo que nos alquiló la casa. Es un pueblo más de Tailandia donde no hay nada para ver más que su bella cotideaneidad -como cualquier pueblo de este increíblemente bello país-.

El pueblo tiene 2 calles y ésta es una de ellas:

Entre las dos calles, corre un rio donde viven unos peces hermosos:

Al rededor del río crecen las flores que uso para darle más color a la ensalada de frutas del desayuno.

❤️

También saco de la calle citronela, ají, y mangos verdes para comer como ensalada – ingredientes clave en la cocina tailandesa-. El pueblo entero es comestible, hasta de las macetas salen ananás.

papaya

jackfruit

longan

lychee

mangos

Si me soportaste hablando de comida hasta acá, asumirás que llegué a mi paraíso. Y así fue.
En las puertas de la mayoría de las casas hay una mesita donde la gente vende lo que sobra de sus huertas y frutales: hongos, bananas, papayas, choclos, flores, huevos de sus gallinas, de sus patos, de sus codornices… Por supuesto nunca hay nadie para “cuidar” la mercadería.

hongos

Sus huertos fueron armando el menú de cada día.

Paralelamente estoy trabajando en un nuevo proyecto que agrego a mi famosa colección de Proyectos que me van a hacer perder dinero. En éste caso, trabajo en un calendario de frutas y verduras para colgar en la cocina para recordar a la hora de consumir qué está en estación natural y qué está en estación Monsanto.

Comentarios diciendo que lo que hago es hermoso y que les encantaría tenerlo en su cocina podrían llegar a ser de gran utilidad. No tienen que ser verdad necesariamente, en ésta instancia acepto todo tipo de mentiras.

Tras largas e innecesarias reflexiones, llegué a la conclusión de que sigo escribiendo porque hay algunas personas que disfrutan de leerme y me lo hacen saber. Supongo que si no tuviera la devolución que tengo, me iría olvidando y seguiría con otra cosa…

Por lo que aprovecho para dejarles un GRACIAS y ponerme algo trilladadita al recordar que éstas lineas no existen únicamente porque me levanté con ganas de tipearlas, sino también gracias a vos que estas del otro lado completando el ciclo.

.♦  🙏🙏🙏   ♦

Al ser éste un pueblo que vive lejos del turismo, somos considerados como invitados. Cuando voy a comprar, la mitad de la comida me la regalan; sumado a que día por medio encontramos regalos en la puerta de casa:

PAUSA! Cualquier hombre que desee proponerme matrimonio: éste método, funciona!

cilantro, morning glory, limones que no se ven, y huevos envueltos en hoja de banano

conserva de mango, banana asada, chalottes, ajos, citronela, una fruta que no sé el nombre, mango verde para ensalada y un coco listo para tomar.

Para mantenernos fuera de cualquier tipo de idealización es bueno recordar que el azar nos hizo nacer en un hogar de blancos descendientes de europeos, por lo que entramos en el casillero de extranjero bienvenido. Como en todos los países, ellos también tienen su listita negra donde lideran burmeses y laosianos.

Tras explotar la burbuja, continúo:

Ya sin Sammi, recolecto y preparo mi propia morning glory!

Juan me ayuda preparar los ingredientes; la historia casi siempre empieza igual:

ajo picado grueso, ajo picado fino, jengibre, ají fresco, seco y molido

Cuando está todo listo para empezar, pasa a musicalizar; dando por iniciadas las  Khun Than Sessions que ya están en proceso de edición! Cada almuerzo lo preparo con música en vivo. ❤️

Todo ésto puede sonar muy lindo, pero la perfección no existe: la cocina que tengo es eléctrica, lease, la puta mierda. ¿A quién se le ocurre armar un cuarto de alquimia sin FUEGO?

Apoyar el wok de hierro sobre la superficie vidriosa de la cocina eléctrica es la sensación menos erotizante del universo. Mis ovarios se achicharran al sentir el sonido que hacen estos dos materiales -que claramente se repelen- al entrar en contacto. Podría escribir un libro entero sobre cuánto las aborrezco. La muerte de la magia se titularía. Pero supongo que quien se resistía a cambiar la leña por el gas ya escribió 10 volúmenes al respecto-.

“Los humanos somos los primates que cocinan, las criaturas de las llamas”, dice Richard Wrangham.

En ésta tarea infinita por tratar de sentirnos superiores, algunos historiadores detectan en el control del fuego y la posterior posibilidad de cocinar, el elemento que nos diferencia del resto de las especies.

Al haber el fuego reducido el tiempo que nos lleva digerir la comida, al no tener que pasar todo el día masticándola por poner un ejemplo, el homo sapiens ganó tiempo libre para otros propósitos, como por ejemplo, el crear cultura.

La cocina fue quien nos dio el tiempo para convertirnos en quien somos hoy. Pero paradójicamente, hoy ya no tenemos tiempo para cocinar. Lo que me lleva a pensar que si el tiempo libre fue el generador de cultura, la extinción del tiempo libre podría pensarse como la muerte de la cultura.(?)

Cuando nos alimentamos con comida procesada preparada por corporaciones que poco les importa nuestra salud, no sólo estamos dándole mierda a nuestro cuerpo, sino que estamos apoyando económicamente la expansión de ésta tendencia.

Recuerdo uno de los mejores halagos que recibí cuando Ger, un gran amigo de Juan, abrió nuestra heladera:

-No tienen nada del supermercado!- miró sorprendido.

Junto con China, Tailandia es el país con las mejores cocinas que probé hasta ahora. Muchos de los platos de ésta región tienen un tiempo de cocción aproximado de 1 minuto gracias a las terribles llamas que tienen; tener una cocina eléctrica es una falta total de respeto a la cultura tailandesa – y a la humanidad.

Como diría Mirta, – Así, NO!

Hablamos con el dueño y al día siguiente llegó ella:

La “Picnic”

Ésta es la garrafa que suelen llevarse los tailandeses al Picnic. Como ya expliqué, en Asia no tienen idea del sandwichito simple de jamón y queso. Ellos van con todo!

Automáticamente al entrar en contacto con terrible potencia el sabor de las comidas explotó y redujimos a la mitad el tiempo de cocción.

En la última foto Juan está preparando su especialidad asiática: el arroz frito, que lo cocina con su hermoso toque de masculinidad:

En un almuerzo volvieron las raíces italianas, pero ya transformadas.

canelones

El sabor de base de cualquier comida empieza con la grasa que uses y en lugar de empezar con aceite de oliva, caliento leche de coco y espero que el calor evapore el líquido y separe su propio aceite. Recién ahí disuelvo curry rojo. Al final agrego maní recién tostado y triturado -otro elemento clave en la cocina del sudeste asiático-.

(La masa también la preparé con leche de coco en lugar de agua).

Después de comer jugamos dos partidos de pool para bajar la panza. Mi compañero tiene muchísimos talentos, pero perder no es uno de ellos por lo que a veces mi clara superioridad pone en riesgo el segundo partido; tenemos lo que podría llamarse el dramón de la media tarde.

Para esquivar la siesta y los dramones, nos damos un chapuzón en la pileta para volver a trabajar frescos.

Después cada uno se va a su respectiva oficina: él en el piso de arriba, yo en el de abajo.

Cuando baja el sol, salgo a ver qué sacaron las señoras de sus huertos. A veces es la frustración por no poder resolver un dibujo la que me expulsa a alejarme un rato. Andar en bicicleta por el barrio estando de mal humor es como correr fumando; 100% incompatible. Los vecinos calmos y sonrientes riegan las plantas después del día de calor, los peces nadan en el río, los patos en los campos de arroz inundados, una señora baila sola en su jardín, las flores, los arboles llenos de fruta… todos escenarios teñidos del rosa extremo del atardecer. Simplemente no tiene sentido el mal humor.

Para encontrar las miserias tailandesas tenes que cavar más bien profundo. Las apariencias se cuidan y el conflicto se evade.

Cuando paso por el almacén tengo mi clase diaria de tailandés. Ellos abren la tienda a las cinco de la mañana y la cierran a las nueve de la noche. A veces el señor está leyendo un libro, a veces está dormido en su silla. La señora y su marido que no hablan ni una palabra de inglés -como todo el resto del barrio-  con todo el tiempo y la paciencia del mundo me van enseñando los nombres de lo que llevo y me corrigen temitas de pronunciación. Como el chino, es una lengua tonal por lo que la palabra kao, dependiendo del tono con el que la digas puede significar arroz, comida, blanco, rodilla o nueve… un quilombo. Si llega un cliente, se suma a la clase o espera sin un gramo de ansiedad que termine de entender.

Amo sus tiempos…

Frase del día: Tao Rai Ka -cuándo vale?

Otras tardes, el templo me llama con una canción.

En una caminata escuchamos esa misma canción y entramos. Las señoras del pueblo están bailándo y me invitan a unirme. Cuando terminamos me dicen con señas que vuelva en dos días.

Día por medio bailo con ellas

Cuando vuelvo agarro unas hojitas de menta de la calle y preparo un licuado bien fresco con las frutas que encuentro en la heladera.

Después de andar un par de años contando los kilos de mi mochila, en Bangkok se nos unió una nueva compañera.

Siguiendo la pirámide, busqué si alguien vendía una usadita.

En todo Bangkok, había una sola y estaba a 3 cuadras de mi casa. ERA EL MOMENTO.

Bienvenida a la familia cebolla!

Tomamos los licuados mientras miramos el atardecer. Cada día el  cielo estalla con diferentes colores…

Y si no son los colores, son las tormentas eléctricas que se avecinan… la temporada de lluvias está llegando. Pasamos horas mirando las tormentas eléctricas y la flexibilidad de las palmeras desde la galería.

Algunas tardes preparo un dulce. Tal vez el postre tailandés por excelencia haya sido la estrella: Kao Niew Mamuang. -arroz pegajoso con mango-.

Juan lo cataloga como “la evolución del arroz con leche”. Se usa arroz glutinoso que se deja en remojo toda la noche y se lo cocina en una de estas cestas hermosas al vapor:

También cocino mi primer roti que le llevo de sorpresa a Juan servido en una hoja de banano que saqué del costado de la casa mientras volaba de felicidad por tener acceso a semejante simplicidad.

Cada tarde las señoras sacan algo distinto, en éste caso, tallos de lotos su estanque que nos vende por 30 centavos de dólar.

Juan se encarga de prepararlos. Hay que pelarlos y sacarles todos los filamentos, tarea que le lleva una hora aproximadamente. Mientras yo voy y vengo preparando el resto de los platos, Juan está quieto pelando en silencio. Pienso que tal vez está odiándome por encargarle esa tarea, pero aparentemente tras unos minutos de resistencia entra en el trance que la cocina te regala cuando te entregas.

Enfocado en sentir las texturas, las formas, entender las direcciones de las fibras,  va encontrando nuevas técnicas o movimientos que facilitan la tarea mientras la mente se va calmando.

Los sonidos de la noche acompañan esas manos que agarran filamento tras filamento.

Los sonidos son los elementos más primarios que registra nuestro psiquismo, me dice Naty -mi amiga psicóloga- por teléfono intentando justificar la importancia que le doy a los sonidos que me rodean.

La misma rutina se repite por 3 meses siendo alterada cada tanto por las festividades. En Kun Than todo gira alrededor del templo que se ve desde casa:

día de ordenación de monjes

Otra vez, la música del templo nos llamó. En la Tailandia budista tienen la tradición de que todos los hombres sean monjes por una determinada cantidad de tiempo -que puede ir desde un día a un año-. Es una forma más de hacer mérito, atraer buenas circunstancias para ésta y la vida que sigue. O por ejemplo, cuando alguien muere, un hombre de la familia puede hacerse monje para compartir sus méritos con el fallecido.

En los camalotes que tienen en la mano es donde va a parar todo el pelo.

Los monjes rapan las cabezas.

La familia se ocupa de limpiar.

Algunos la pasan bien, otros están con los huevos inflados.

 

Songkran

El tiempo fue pasando y llegó Songkran, el verdadero Año Nuevo tailandés. Ellos usan la muerte de Gautama Buda, en Marzo del año 543 a.C, como punto cero. Si sumas 543 a nuestro año  te da el año de ellos: hoy están en el año 2562.

Vayas donde vayas, ese día volves empapado.

Algunos llenan la parte de atrás de sus camionetas con agua y hielo .

También Llegó el cumpleaños de Juan donde agarramos la moto e hicimos unos 200 kilómetros hasta un pueblo que queríamos visitar hace tiempo. Llegamos al atardecer y lo festejamos con unos mates frente al lago.

Mi presente fue 1kg de yerba. En un grupo de Facebook de Argentinos en Tailandia encontré a alguien en Bangkok que justo viajaba Chiang Mai dispuesto a donarme un kilito. Natalie la recibió y me la mandó por correo a la casa de un vecino para que Juan no la viera. ❤️ Para quienes piensan que las redes sociales únicamente fosilizan neuronas!

Gracias Mark Zuckerberg!

 

Festival de la puerta

Ellos siempre tienen excusas para armarte festivales. Ésta vez nos costó un huevo enterarnos qué se celebraba. Tres días de fiesta celebrando que se terminó de pintar la puerta principal del templo.

Hubo música, mercado nocturno y el pueblo se prendió!

¿Quién dijo que no pasaba nada?
Éste escenario está montado sobre un camión en el medio de la calle:

Nos habían dicho que en unos de los días iba a haber Muai Tai  -boxeo tailandés-, pero asumimos que era un error de interpretación. Una noche, al escuchar tambores, me voy con la bici y vuelvo desesperada a buscar a Juan:

-VAMOS YA! 

Juan con el monje amigo

El vecino que está a la derecha de Juan me pregunta si tengo hambre y me lleva a la cocina del templo donde entra como si fuera una extensión de su casa y me dice que me agarre lo que quiera. Me empieza a dar frutas y dulces hechos por las señoras del barrio -arroz con algo dulce adentro cocinado al vapor, envuelto en hoja de banana. También se suma un monje que me empieza a mostrar todo lo que hay para que me lleve.

El señor se mueve por el templo como por su casa. Y es que es su casa. Ese templo, como cada templo que hay en Tailandia está construido a base de donaciones de la gente del pueblo. Cada monje come gracias a la comida que el pueblo cocina cada día. Ese espacio es de TODOS. Y la gente se lo apropia.

Recordando cuando entraba- o me hacian entrar para ser más específica- a la iglesia de chica me viene la se sensación de estar en un espacio lleno de reglas formales y por más que cada iglesia este construida a base de las donaciones de la gente en ningún momento me sentí dueña, más bien intrusa.

Llenas de comida, me voy a ver el show. Los primeros contrincantes ya aalieron al ring:

Joder! Estábamos en un evento familiar!

Siempre pensé al boxeo como otro producto de la infinita creatividad humana por agregar una dosis extra de violencia a la vida.

Empecé sufriendo, eran muy chiquitos… pero los luchadores van pasando, las edades van aumentando y mis sensaciones y teorías también.Lo dejo a Juan y me voy adelante de todo.

Me gusta como ciertas fotos podrían pasar tranquilamente como las de un encuentro sexual:

El muai tai se combate con música de tambores. En cada pausa o respiro los luchadores siempre vuelven a ese ritmo, en una especie de danza tribal.

El templo se llena cada vez más de humo de cigarros, gritos de desesperación y apuestas. Recordemos la ubicación: el templo!

La adrenalina y la taquicardia acaban borrando cualquier interés en el bienestar de esos dos humanos que están en el ring. Para cuando llegan las moles adultas, el agarrar la cámara de fotos no es una opción. Estoy en otra órbita, a los gritos con un corazón que tantea mis límites.

Volví a casa bailando al ritmo de los tambores imaginándome practicando muai tai en otra vida.

El último día del festival, lo empiezo hablando por teléfono con Naty. Ella me pregunta qué voy a hacer en mi día, pero no tengo ningún plan. Ella me enumera sus mil tareas, mientras nos escuchamos fascinadas por la vida de la otra. Pero al rato le tengo que cortar, una señora que no creo conocer aparece en casa.

Me hace señas para que la siga.

El no entender el idioma hace que la vida se desenvuelva en un halo de sorpresas. De un segundo para el otro, mi día toma un rumbo inesperado. Aparentemente las señoras no estaban bailando en el templo por un mero acto recreacional. Estaban practicando para cerrar el último día del festival y yo estoy en sus planes:

Esta foto cuenta bastante más que la belleza superficial de éstos humanos pequeños. Volvé a mirarla con esta nueva información: una de ellas, no nació mujer. Una de ellas es un nene que ya desde muy pequeño tiene en claro que su camino va por otro lado y hoy está listo para bailar en el templo.

Miestras espero nuestro turno para bailar me imagino las caras de las monjas si ahubiera decidido vestirme de hombre.

En un pueblo de Vietnam charlaba con un psiquiatra austríaco tratando de entender las perversiones de la iglesia. Por qué te pones a hablar de eso? Supongo porque me aburre hablar del clima. Su esposa es catequista y y para que ella consiga trabajo tuvieron que casarse. Si no está casada, no puede trabajar. La iglesia católica oculta lo que no le gusta y espera que el tiempo resuelva. Fuerza matrimonios, castiga divorcios, esconde los abortos que los curas fuerzan a hacer a las mujeres que embarazan, mientras critican abiertamente el aborto legal.

Podría decirse que cada uno cuida de sus apariencias a su manera. Pero estar en un templo donde se lucha muai tai, se fuma cuando los nervios carcomen, y se danza sin distingo si cuelgan huevos o no entre las piernas se siente muy saludable.

Y a bailar!

En lugar de Bailando por un Sueño, acá estamos Bailando por un Templo. Los festivales son una gran fuente de ingresos para el templo. Los Facebook de todas mis vecinas están repletos de fotos haciendo méritos en templos. Cuando hacen una donación, tiene que notarse. Olemos que quien dona más tiempo y plata al templo es el más popular del barrio. Olemos superficialidad. Olemos humanidad.

Una vez terminado el proyecto, a duras penas, decidimos continuar. Si quieren, pueden ver el proyecto terminado acá:

Unos días antes de irnos nos vamos a Chiang Rai, una ciudad a 60 kilómetros para comprar un par de cosas para llevarnos a Laos y de paso aprovechamos para visitar el Templo Azul.

Antes de emprender la vuelta pasamos por el mercado nocturno para picotear algo donde nos encontramos al maestro de baile con algunas chicas dando un show al que no tarda ni 2 minutos en sumarme.

A la hora de volver, todos nos invitan a pasar la noche en sus casas para que no tengamos que viajar de noche. Pero esa noche yo sé quien va a salir. Esa nochela luna llena va a reflejarse en cada campo de arroz.

Al día siguiente llegó lo inevitable: mi día de duelo. Día de lágrimas, pesadez y escasas energías.
Dos días después llegó el día de duelo de Juan. Yo lloro, él se enoja con todo lo que lo rodea.

La última tarde que salgo a bicicletear por el barrio me voy al mercado a despedirme de ella, que no puede ser más hermosa:

mi señora del mercado

Cerraba tarde sólo para esperar a la farang con horarios extraños y mandaba a una amiga a mi casa cada vez que me olvidaba las compras en su puestito. Ella, que me traía el tofu de la ciudad sólo para mí, ese último día me había traído algo que le había encargado hace un tiempo: semillas de loto, que obviamente ni me cobró.

Para que las ubiques, éstos son los pasos de la flor de loto:

Ella me trajo la parte amarilla del centro pero ya madura

Esa última noche, después de hacer una limpieza profunda de la casa, me senté a pelar las semillas, para preparar la última comida.

Primero se sacan las semillas de la estructura.

Después se pelan.

Algunas viene con el loto bebe adentro

Cierro mi exploración tailandesa haciendo una fusión con India. Llevo conmigo un masala para vegetales (sabji) con el que salteo las semillas junto con ají y ajo.

Debería seguir la foto del plato terminado, pero se me olvidó. Salió riquísimo.

Durante éstos tres meses cociné una receta nueva por comida dando un total de al menos unas 180 recetas de los cuales no tengo ningún registro fotográfico.

Como dice Juan, en éste capítulo cociné “a garrafa limpia”. Khun Tan fue mi universidad. Me gradué en cocina tai, me especialicé en comida china con algunas visitas a la cocina coreana y japonesa.

Cocinamos conscientes que lo que estamos haciendo es un lujo. Cocinamos conscientes de que somos ricos, tenemos tiempo. Hoy, que el cocinar se volvió opcional, nos gustaría recordar que no es un proceso que involucra una mera transformación de la materia. Es una actividad que envuelve tanto una forma de meditación, como una decisión política de revolución y protesta que como tal afecta al individuo que la realiza y a todos los que lo rodean.

Hasta pronto y bon appétit!

Flor y Juan


 

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