Capítulo 22: Laos y el tiempo de los espíritus

Después de seis meses de succión tailandesa, logramos cruzarnos al país vecino. La familia que nos estuvo mimando durante los últimos tres meses nos saluda del otro lado de la frontera; y en tan solo unos minutos, todo nuestro querido universo tailandés se esfuma, pasando así a un nuevo capítulo.

Antes de empezar, unas pistas para ubicar a éste país no tan popular en el mapa:

Además de compartir frontera con Tailandia, Laos es vecino de Camboya, Vietnam, China y Myanmar.

Prestá especial atención a cómo todo su lado derecho está bordeado por Vietnam. Te va ayudar a entender ciertos temitas que van a aparecer más adelante.

La cebolla es nuestra ubicación y la línea azul es el río Mekong que nos va a estar acompañando de norte a sur. Por primera vez en la historia de la Cebolla, tenemos un plan de ruta! Vamos a ir bajando por Laos hacia Cambodia para luego volver a subir por Vietnam y  si el futuro lo permite, volver a entrar a nuestro ya segundo (tercero, cuarto o quinto) hogar: China.

En una primera impresión parecería que seguimos en Tailandia, pero una baguette rellena con un omelette y vegetales salteados que compramos antes de subirnos al barco, nos avisa que la historia cambió.

Para vos, que te lastrás un pan todos los días y pensás que está dentro de los elementos básicos que se pueden conseguir en todos lados como el oxígeno, el agua, el pan; pues no. Volver a ver éste precioso elemento que el trigo fermentado logra crear es un momento épico en nuestro viaje que merece al menos un párrafo en éste blog.

¡HABEMUS PAN CARAJO!

Lo huelo como si mi nariz tuviese la capacidad de devorarlo, pero una baguette en Laos no puede oler a otra cosa que no sea a invasión francesa.

Efectivamente, Laos formaba parte, junto con Vietnam, Cambodia y una porcioncita China, de un pedazo de tierra que los franceses se apropiaron y rebautizaron como Indochina Francesa.

Nos esperan dos días largos de viaje por el Mekong rodeados de muchas montañas, agua y baguettes.

El barco hace paradas en el medio de la nada.

Este pedacito de arena que se ve en la foto, es el “muelle” donde se bajó ésta familia. Desde el barco ya en movimiento nos quedamos mirando como se pierden dentro del bosque mientras nos preguntamos dónde vive esa gente?! A diferencia de Tailandia que tiene tremendas rutas, a muchos pueblos de Laos tan solo se puede acceder por agua.

Cada tanto una manguera -que aparentaría ser una pieza clave en el asunto- se suelta y el motor del barco se apaga.

El nombre completo del país es LAO PDR -Lao People Democratic Republic-, pero los turistas lo rebautizan como Lao Please Don’t Rush (Lao, por favor no se apure).

Cada vez que la manguera se suelta, un nene descalzo camina por el borde del barco y vuelve a unir las partes sueltas. Miro los deditos de sus pies haciendo equilibrio en el marco de mi ventana y presiento que éste va a ser uno mis países preferidos; otro maravilloso lugar donde los tiempos siguen siendo lentos.

Tras unir la manguerita una decena de veces, el barco llega al destino final del día, un pueblo chiquito donde pasamos la noche.

Al día siguiente, hacemos otro tramo y llegamos a nuestro primer destino:


Luang Prabang

Estamos en temporada de lluvias, todo está súper verde y cuasi vacío de turistas.

 

Cada año llega la temporada de lluvias, los ríos se desbordan, las rutas se inundan y las plantas están de fiesta, pero tanto los vivos como los muertos están preparados.

Paraguas para los espíritus

Igual que en Tailandia, acá también tienen sus casitas de espíritus protegiendo las casas.

Luang Prabang es una ciudad colonial, chetita, donde solían vivir los franceses, la realeza y la oligarquía. Caminamos agradeciendo constantemente a las nubes que hacen que las temperaturas sean las ideales para pasear.

Hay templos muy bonitos, pero después de casi 4 años por Asia, éste espectáculo me estimula mucho más que cualquier templo:

Además conocemos a Claudia (italiana) y Jorge (español) que aparecen en nuestras vidas para llevarnos a una pizzería que les recomendaron. Después de meses nos reencontramos con el QUESO!

En ésta foto, ni Claudia ni Jorge eran conscientes de que estaban siendo presa de la la succión laosiana. Después de volver a Europa, decidieron ir en busca del pedazo de corazón que les había quedado en Laos, donde ahora viven ❤️

Después de la ya rutinaria y necesaria inyección de occidente, estábamos listos para encontrarnos con el Laos que vinimos a conocer. Ese Laos que no vive en casas coloniales, que no come croissants, y que ve a la pizza como un círculo carísimo que no sabe a nada, como todo el resto de la comida occidental.

Hola Laos!

Ahora sí! Qué tanto baguette ni croissants! Acá está ella encarnando a su gente. Coqueta, con sus cejas pintadas, una vaca y un cerdo mutilados a sus pies, descalzos.

Atrás de las casas coloniales están las casas donde sí vive el pueblo. Esas casas donde la cocina está afuera y al pasar podes ver a las señoras preparando sus platos y aprender algún que otro truquillo.

También visitamos atracciones turísticas que me duermo de tan solo pensar en redactar algo sobre ellas, pero comparto alguna que otra foto para disimular que lo único que hago es hablar de comida:

La visita que sí me interesó fue la que hicimos al sorpresivamente pequeño y humilde Centro UXO, donde tuvimos un encuentro bastante más directo con el imperialismo que una baguette:

Y sí, llegó la hora de exprimir mi creatividad para relatarte la historia que explica la presencia de éstas baguettes metálicas sin que vueles ésta pestaña y pases al Instagram.

Acá voy:

Empecemos por el momento en que Laos se independiza de Francia

(Pido paciencia porque es complejo, pero como todas nuestras reseñas históricas, ésta también tiene el certificado CEBOLLO de contenido SUPER  interesante).

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial (1945), cuando Francia está casi derrotada, Japón, en un manotazo de ahogado proclama la  independencia de Laos, Cambodia y Vietnam.

Subtítulos: Japón no se despierta de un día para el otro con deseos de hacer su buena acción del día, Japón busca aliados.

En ese breve lapso de independencia, logra gestarse en Laos un grupo nacionalista, (no comunista) llamado Lao Issara.

Eventualmente EE.UU. arroja sobre Japón las dos únicas bombas nucleares usadas en la historia de la humanidad dejándolo completamente knockout y poniendo fin a éste conflicto.

Cuando Francia medianamente se recupera, vuelve por los terrenos que perdió pero tras varias idas y vueltas -si se me permite resumir así varios enfrentamientos y muertes-, en 1954 Francia proclama a Laos independiente dejando por supuesto a una monarquía dócil al mando.

Al Francia soltarle la mano a Laos, llega EE.UU, éste famoso super héroe que nos protege del mal, a controlar el uso de ese nuevo chiche que tenían los laosianos: su independencia. Su desinteresado amor por la humanidad le hace volcar generosas “ayudas financieras” que sirven, entre tantas cosas, para llevar (o manipular) las elecciones de éste nuevo país “independiente” por los caminos del bien -o el de los intereses de su nuevo mecenas; la lectura va a variar según tu grado de ingenuidad.

Quien recibe éstas donaciones es la oligarquía laosiana internacionalmente famosa por su corrupción, donde menos del 1% de esa “ayuda” va a la agricultura -actividad que sostiene a tan solo el 90% de la población.

El filósofo/psicólogo Erich Fromm en un capítulo sobre autoritarismo menciona las relaciones de poder, por ejemplo, entre un maestro y un alumno. Cuanto más logra aprender el estudiante, tanto menor será la distancia entre él y su maestro. El primero se va pareciendo cada vez más al segundo generando que la relación de autoridad tienda a disolverse.

PERO! cuando la autoridad tiene por función ser base de la explotación, la distancia entre las dos personas se hace con el tiempo cada vez mayor.

Después de décadas de colonialismo francés y muchísima ayuda de EE.UU, Laos tenía tan solo 2 médicos, 3 ingenieros, 700 teléfonos y ni un tren; pero un gobierno de extrema derecha! -que no vaya a faltar ese detalle!.

En 1955 empieza al lado de Laos la famosa Guerra de Vietnam que se puede resumir como un intento de Estados Unidos por frenar la expansión del comunismo en el Sudeste asiático. / Spoiler: no solo no lo frena, sino que lo hace crecer/.

En éste contexto, a la izquierda laosiana no le era necesario hacer demasiada propaganda en el campo para poner a los granjeros en contra de la minúscula elite que vivía y reinaba en la ciudad y en 1959 empieza una guerra civil entre el gobierno de Laos (financiado por Estados Unidos) y el Pathet Lao -ex Lao Issara, quien ahora sí es comunista, gracias al apoyo de Vietnam.

A la lista de actores se le suma una guerrilla de 20.000 laosianos de una etnia llamada Hmong financiada en secreto por la CIA para combatir a los vecinos vietnamitas por tierra y de paso con el Pathet Lao en Laos – matando así, literalmente, dos pájaros de un tiro.

Ese mismo año, los vietnamitas ocupan una parte de Laos donde arman un camino que usan para transportar armas de Vietnam del Norte, a Vietnam del Sur.

El famoso camino de Ho Chi Minh

Y con ésto doy por finalizado la parte más densa de ésta reseña. Ahora, a fluir:

Para frenar a los vietnamitas, el gobierno de Estados Unidos saca a relucir esa impunidad de quien acumula DEMASIADO poder.

Tras poner en una balanza la vida de los laosianos, se decidió que nada valían y en el nombre de la paz empezó una serie de bombardeos que durarían nueve años y convertirían a Laos, el país neutral donde cualquier tipo de intervención militar extranjera era ILEGAL, en el país más bombardeado de la historia.

Durante 9 años enviaron, en secreto, 580.000 misiones aéreas donde se tiraron 260 millones de bombas, casi una tonelada POR HABITANTE; o el equivalente a un avión lleno de bombas cada 8 minutos, 24 horas al día, por 9 años. Más que las arrojadas en Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

bombardeos

Además Laos se convirtió en un tacho de basura muy práctico: cuando se cancelaban ataques aéreos a Vietnam por mal clima o porque la defensa era muy fuerte, los aviones, por cuestiones de seguridad, para no aterrizar a la vuelta cargados de bombas, las descargaban en Laos en objetivos secundarios.

Bombardearon ciudades, pueblos, granjas, caminos, campos cultivados; básicamente cualquier cosa que se moviera para que la población busque refugio en las únicas zonas no bombardeadas del país: las controladas por Estados Unidos.

Dentro de toda la munición que usaron, las bombas de racimo fueron y siguen siendo HOY las más destructivas.

Cuando está en el aire, éste dispositivo se abre y dispersa las bombas que, estando en perfectas condiciones, el 30% falla; quedando en territorio laosiano unas 78 millones de bombas sin explotar.

30.000 personas murieron durante los bombardeos. Pero la historia no termina ahí. Una vez que los ataques cesaron, se sumaron (y siguen sumándose  hasta hoy) unas 20.000 personas más a causa de éstas bombas que quedaron sin explotar.

A partir de ahora, ésto deja de ser una reseña histórica para convertirse en un relato sobre la actualidad de Laos

A pesar de que el Gobierno lo prohibió, vender los deshechos de la guerra se volvió una gran fuente de ingresos y la principal causa de muerte para los laosianos. Vendiendo cierto tipo de bombas un granjero puede ganar unos 200 usd (dos tercios de lo que gana al año).

Por otro lado, 40% de los heridos suelen ser chicos que confunden las bombas con pelotas.

Cualquier nene que encuentre esas pelotitas plateadas las agarraría, pero en Laos se suma que juegan el Petanque, un juego que involucra una pelota muy parecida a las bombas:

 

 

Bombas

Hoy, distintas ONG salen a recorrer a diario cada metro cuadrado del país con un detector de metales y una pala. A veces tienen que volver hasta 20 veces al mismo lugar porque siguen apareciendo/explotando personas.

En los últimos 40 años se limpiaron menos de 1 millón de los 78 totales.

En la actualidad, Estados Unidos dona cinco millones de dólares anuales -lease, unas chirolas que le sobran- para limpiar la basura que dejaron de forma ilegal-.

Cinco millones ANUALES, comparado con los 13.3 millones que gastaron CADA DÍA -durante nueve años– parecería al menos sonar escaso.

 

(Medallita Cebolla de la Paciencia para los que llegaron hasta acá)

 


Aprovechando que estamos en el norte de Laos, viajamos hasta casi la frontera con Vietnam para visitar las cuevas que fueron sede del Pathet Lao y el refugio de unas 23.000 personas durante los nueve años que duraron los bombardeos.

Las cuevas están a unos 30 km de donde estamos parando así que alquilamos una moto y nos vamos de aventura por las bellas rutas vietnamitas!

Después de manejar unos 200 metros la aventura se pausa: un puestito de comida bien cutre y concurrido, nos pide a gritos que lo probemos.

Una breve inspección a los platos de la gente confirma lo que mi ya desarrollado olfato sospecha: no puede fallar.

Al estar a tan solo 15 kilómetros de Vietnam, tenemos nuestro primer desayuno vietnamita!

Éste puestito sólo vende Pho, la clásica sopa de fideos de arroz nadando en un caldo hecho -si tengo que adivinar- a base de huesos, pero como vegetariana en estas situaciones escojo mantenerme en el territorio más seguro de todos: la ignorancia.

El Pho se sirve con una bandeja de verduras y especias frescas para que le vayas mandando a los fideos. Ella hermosa prepara las bandejitas muy tranquila.

Se sobresalta un poco cuando abre un cajón e interrumpe el sueño de una ratita que asustada salta al piso y entra a correr. Se ríe del susto y comparte la situación a los comensales que sonreímos y seguimos comiendo sin más.

El pho está delicioso y no veo la hora de llegar a Vietnam y devorar!

Con la panza llena, retomamos la aventura.

La ruta!

Las cuevas se visitan con un guía que te va llevando por los distintos sectores de algunas de las tantísimas cuevas mientras escuchás con auriculares la historia de cada zona.

Hoy somos tan sólo 3 visitantes.

Al llegar te reciben los clásicos cráteres de bombas que nos vamos a cruzar seguido en nuestro recorrido por Laos.

cráter

Mientras intento concentrarme en el primer audio, la guía, que es simplemente hermosa, recoge unos frutos del árbol.

—Son para mi hermana, me dice, no está bien de la panza; y me dá para que pruebe.

Son como ciruelas amargas.

(Todas las fotos que tomamos en éste país me transmiten mucha tranquilidad. Tal vez sea algo que tan solo yo sienta gracias a una percepción manipulada por el recuerdo; por lo que voy a dejarlo sentado por escrito: la calma de ésta gente es de otro planeta).

La miro tratando de hacerle una radiografía que me cuente el cómo su familia atravesó esta situación y para cortar mis películas imaginarias simplifico y le pregunto. A pesar de que su inglés es muy básico, logramos entender un pequeño átomo de toda su historia: su tío nació en éstas cuevas.

(!!!)

Antes de entrar a la primera cueva, una decisión cromática recuerda a los visitantes la sangre que se derramó.

Durante los nueve años que duraron los bombardeos las cuevas fueron naturalmente evolucionando hasta convertirse en un mundo subterráneo. Había cueva imprenta, cueva hospital, cueva sindicato de mujeres, cueva mercado, cueva escuela, hasta una cueva teatro!

 

Cocina

/ ¿Y por dónde esperabas que empiece? /

Cocinar era un tema: si lo hacían adentro, no se podía respirar por el humo; si lo hacían afuera, los aviones podían detectarlos. Resolvieron cocinar todas las comidas a las cinco de la mañana, teniendo todo terminado para las siete, hora en que empezaban a caer las bombas.

Qué diversidad de vidas que hay, ¿no? Algunos se ponen el despertador para repartir el diario, otros para abrir un negocio, otros para treparse a un avión y tirar bombas.

También sacrificaban a los patos que nacían blancos porque se veían desde los aviones, reduciéndose aún más las opciones a la hora de alimentarse. El audio guía cuenta que la comida sabía a la nada misma y que muchas noches se fueron a dormir con hambre, pero que nadie murió por desnutrición gracias a una red de colaboración muy fuerte que se armó.

Con el tiempo se acostumbraron a las bombas y la vida continuó: cultivaban de noche y se escondían de día; la gente se casaba; tenían una ceremonia donde alguien leía la historia de la pareja y celebraban con galletitas y licor de arroz.

Las mujeres parían en la cueva hospital atendidas por médicos cubanos o vietnamitas y enfermeras locales. Se llamaba la cueva Hospital de la amistad Cubana-Laosiana.

Durante los nueve años el tiempo pasó lento… no había mucho para hacer. Aprovechando la oscuridad de la cueva, instalaron un cine donde proyectaban todos los Viernes la misma película.

cine

También había un grupo que se dedicaba a entretener. Viajaban de cueva en cueva ofreciendo un show de música; calculo que la banda se debía llamar algo así como“Huevos de acero”.

Pathet Lao enseñaba a la gente a hacer cuevas para protegerse de las bombas; en tres días hacían un agujero y después dinamitaban. Con el paso de los años éste grupo fue creciendo porque, citando a un laosiano, “mejor morir como soldado que escondido en un agujero”.

La Unión Soviética les dio cámaras de oxígeno en caso de que los ataques químicos con napalm que estaba tirando EE.UU sobre Vietnam, llegaran a Laos.

Nos quedamos bastante tiempo en las cuevas, escuchando los audios e intentando  imaginarnos lo que sería vivir por nueve años en éste lugar. La guía no parece tener problema con nuestra lentitud, al igual que el laosiano promedio, no tiene apuro.

Sigo mirándola e imaginádome que tal vez fue éste carácter el que permitió -o al menos colaboró- con el hecho de que hayan soportado 9 años viviendo en estas circunstancias.

En esa época había en Laos únicamente unas 6,669 personas cursando la escuela secundaria y las clases se daban en francés. En las cuevas, el Pathet Lao y sus ideales de igualdad instauraron un sistema de educación obligatorio para todos, con clases impartidas en un idioma más cercano: el propio (!!!).

——Recordamos que los ideales de igualdad del comunismo también llevaron a tiranías y genocidios contra quien se le ocurrió pensar diferente. ——

Al final de la visita, la guía nos cuenta su preocupación: todos saben sobre la guerra que hubo en Vietnam, pero nadie sabe sobre Laos.

Al ser Laos un país neutral, y al estar prohibida la actividad militar en su territorio, Estados Unidos mantuvo su accionar en secreto, lo que generó que muchos norteamericanos hoy lleguen de vacaciones a Laos probablemente en busca de un paisaje exótico y cerveza barata y recién ahí, al ver un exceso de macetas hechas con bombas -tal vez- se enteren -en la era de la información- de la guerra que sus impuestos financiaron.

 

Nong Kiaw

Pero démonos un merecido respiro, de esos que sólo la naturaleza puede darnos. Siguiendo río abajo por el Mekong llegamos a éste pueblo:

donde las bicicletas son muy chiquitas y las motos muy grandes

Paradójicamente, buscando generar un respiro en la lectura, elegí ésta foto en la cual Juan me dice que se recuerda caminando con miedo porque nos habíamos salido de los caminos demarcados como “libres de bombas”.

En fin, es difícil eludir el pasado que continúa tan presente en Laos.

Me encanta ésta última foto, pero sé que es mi compañero saliendo del que fue el refugio de cientos de personas.

Por la tarde subimos a una montaña. El viento se pone violento dándonos un claro mensaje para que nos vayamos, pero los colores y la adrenalina previa a la tormenta nos hace esperarla. Los dioses de la zona y las linternas de los teléfonos nos guiarán a la hora de bajarla, de noche.

El descenso fue sin dudas memorable!

 

Muang Ngoi

Siguiendo por el Mekong llegamos a ésta otra aldea.

En el barco no queda ni un espacio libre, estamos todos muy ansiosos por llegar.

Más allá de que amamos Tailandia, a Juan le costó dejarla porque se avecinaba el Mundial -evento deportivo para el cual el tener electricidad es esencial a la hora de disfrutarlo; y Laos no es el lugar más confiable para verlo. En éste pueblo tocó partido:

Gracias al turismo del que tanto renegamos encontramos un bar con un proyector. Vimos el partido con unos chicos franceses comiendo una especialidad de Laos que amo! Algas del río Mekong, fritas con ajo, y bañadas con semillas de sésamo tostadas.

Para mí, una delicia. Para Juan, un plato totalmente desacertado para acompañar un partido de fútbol.

Al día siguiente salimos de paseo con Sandra y Joan, unos amigos catalanes que conocimos en el pueblo anterior.

Cada tanto registro que no estoy prestando nada de atención al contexto, camino chocha charlando sin parar con mi nueva compañera!

Sandra y los chanchitos

Por momentos nos perdemos…

Pero la orientación Joan nos hace llegar a una aldea donde los nenes nos dan la bienvenida muy contentos:

-Levantá éste dedo, le dice a su hermana que no está comprendiendo del todo cómo se saluda a los occidentales que vinieron de visita.

Acá algunos recortes de la aldea:

 

Paredes tejidas a mano

A la hora de construir éstas casas, las familias se unen y en un fin de semana lo resuelven.

Ningún cesto de IKEA! A mano!

Éste es el interior de la casa donde paramos:

al fondo se ve la cocina

La ducha está afuera y es comunal. No hay más que una canilla y un grupo de personas que la rodean mientras se bañan y se cepillan los dientes usando pareos para cubrirse.

Por la noche subimos unas escaleras de madera y nos vamos a nuestro cuartito en el que únicamente entra una especie de colchoneta cubierta por una red-mosquitero azul. Las voces de la familia se escuchan como si estuviesen al lado nuestro, pero de a poco se van silenciando quedando tan solo los sonidos de la noche: un río que pasa cerca, un chancho quejándose por alguna cuestión, mis queridos grillos y la respiración de Juan que ya hace rato se desmayó.

Por la mañana, dejamos la cama bastante antes de lo que nos gustaría, sospechamos que la acción empieza temprano.

Cazador con su rifle listo para empezar una nueva jornada

A las cuatro, las mujeres se levantaron para preparar el arroz. A eso de las cinco y media todos los aldeanos se van a trabajar a los arrozales con una bola de arroz en la mano, su desayuno.

Camino atrás de ellos medio dormida, sabiendo que no los voy a volver a ver. Su mundana cotidianeidad es un evento único e irrepetible en mi vida. Disparo fotos deseando atesorarlo para siempre.

Mientras avanzo recuerdo mis mañanas caminando sola hacia la escuela por calles grises en Buenos Aires. Él único verde que veía era el de mi uniforme, hasta que mi papá plantó los dos únicos árboles de la cuadra.

Después de esa sonrisa, decido volver, el suelo está muy resbaladizo y en el apuro ciertos detalles quedaron atrás.

A eso de las seis, la aldea queda casi vacía.

Éste sería el típico lugar donde decidiría quedarme más tiempo, pero a pesar de que todos son muy amables con nosotros, si tengo que adivinar, diría que preferirían que no estemos ahí – por más que seamos una fuente de ingresos mucho más lucrativa que el arroz. Por lo que decidimos volver por un camino nuevo e intentar tomar el barco de las 2 de la tarde.

Por el camino encontramos cocinas…

La vuelta llevó más tiempo del que calculamos y perdemos el bote. Cargando todos nuestros bártulos, decidimos ir a un restaurante para planear nuestro próximo paso.

Cuando nos terminan de servir la comida, nos preguntan si necesitamos algo más y como les respondemos que no, se van, dejando al establecimiento a cargo de la hija mayor.

Eventualmente el restaurante se vuelve un caos tomado por nenes y Juan para calmarlos les propone dibujar. Mientras estoy por sacarles una foto escucho que alguien muy apurado me grita:

-Hello, hello, hello!

Muevo la cámara y miro para abajo: es la hermana mayor que está muy urgida, no puede perderse ni un segundo de la clase de dibujo y me está relegando la responsabilidad de la critatuta más pequeña.

Antes de sacar la foto que tanto quería, deposito a la criatura en un lugar más confiable, y disparo:

❤️ la “mayor” es la de lunares

Salió clase de dibujar animalitos!

Mientras tanto, un vecino que pasa por ahí nos dice que a veces pasa un barco a las cuatro de la tarde, así que vamos para el muelle  y esperamos. A las cinco, cuando nos estamos alejando aparece el famoso barco de las cuatro al cual nos subimos ansiosos ya por irnos.

Me asombra los niveles de ingenuidad que cargamos después de casi cuatros años de viaje!

Hora y media estuvimos adentro del barquito, abajo de un diluvio, esperando que el motor decida funcionar y cuidando que no les llegue el agua a nuestras computadoras/fuente de trabajo.

 

Ponsavan

Finalmente nos salimos de la ruta del Mekong y volvemos a movernos por tierra.

Laos es uno de esos países fantásticos donde podes ir a tomarte un micro con lo que necesites transportar. El cómo se va ir resolviendo con tiempo y paciencia. Nadie se preocupa por nimiedades como si tu valija supera los 80 x 50 centímetros permitidos.

Moto en el baúl ❤️

Ponsavan es otra área que fue devastada por las bombas y dentro de los sobrevivientes, están una especie de jarras que nadie logró aún explicar cómo llegaron ahí, ni cómo o por qué las construyeron.

Antes de ir hacia el sitio arqueológico pasamos por el mercado en busca del infaltable desayuno.

Como siempre, la carnicería, mi sector favorito.

El vínculo que tienen en Asia con el pedazo de animal es completamente distinto a la bandejita blanca impoluta del supermercado. Probablemente te preocuparás por la cadena del frío, pero en ésta parte del mundo la preocupación pasa por otro lado: ¿hace cuánto murió el animal?.

Acá el animal murió unas horas antes y está recién fileteado. Quien va a comprar inspecciona todos los pedazos, los toquetea, usa todos sus sentidos para ver si está bueno… luego compra.

Además está el sector donde se sirve comida. Tienen un formato que me encanta donde quien te cocina está al frente tuyo y se genera una especie de reunión familiar entre desconocidos. La gente se sienta, pide y empieza a charlar con quien le toca compartir la mesa ese día.

Los desayunos en Laos probablemente hayan sido de los mejorcitos del viaje.

El Idioma es muy parecido al tailandés; además consumen la basura que Tailandia les exporta en el famoso formato “novela-de-mierda-de-las-3-de-la-tarde-donde-alguien-siempre-llora”.; por lo que puedo explicar que soy vegetariana, y si por favor me pueden dar extra de tal ingrediente. -Frase clave que toda gorda debe aprender-.

Pinta: cero. Sabor: diez!

Algunos curiosos miran cada cucharada que nos metemos en la boca.

¿Justo ésta gente tenía que ser la más bombardeada del mundo?“. Reflexión que a ningún lado lleva, pero que viajaría con nosotros a lo largo de todo Laos, porque justo en éste país encontramos a la gente más buena y tranquila de todo el viaje.

Después de una panzada de comida y humanos, salimos en busca de las famosas jarras.

Los campos de arroz están presentes durante todo el camino.

– Cuántas fotos de arroz tendrás? Me pregunta Juan mientras que retrato por milésima vez a la fuente principal de alimento del continente que nos cobija hace ya largo tiempo.

Y ahí están ellas, construidas cerca del año 500 antes de Cristo, ahora rodeadas por el famoso combo laosiano: craters y cuevas.

Siguiendo las instrucciones, caminamos únicamente por las áreas demarcadas por MAG, la ONG que se encarga de limpiar territorios minados.

Leer sobre las bajas de los bombardeos -o de cualquier guerra- deja en evidencia nuestro  egocentrismo. La única especie que contabilizamos es la nuestra, el resto, esos pedazos de carne que tan solo existen para servirnos, son irrelevantes. Pero es importante no olvidar que bombardearon a todo lo que se movía; cada búfalo, vaca, pato, cabra, etc. podía servir como alimento para el grupo que estaban intentando eliminar.

cueva, crater, cabras y jarras

Vang Vieng

La lluvia nos sigue acompañando, por suerte Joan y Sandra nos recomendaron un lugar en las afueras muy tranquilo; así que aprovechamos para adelantar trabajo. Juan se va a un área común y yo, con la mesita de luz, me armo una oficina con vista a la selva en la puerta del bungalow.

Oficina improvisada

La lluvia trae a un amigo que se refugia con nosotros.

Cuando para de llover aprovechamos para recorrer.

más arroz

Con el pasar de los días y en contra de todas nuestras predicciones, seguimos en Vang Vieng disfrutando de la pausa que la lluvia nos fuerza a hacer; hasta que una mañana el dueño aparece en la puerta del bungalow para decirnos que hay que evacuar, en tan sólo unas horas va a quedar todo bajo agua.

 

Ventian

Y fluyendo con el agua, llegamos al centro administrativo de éste bello país. Portadora del carácter de sus habitantes, Ventian es la capital más tranquila que hayamos visitado hasta ahora.

Este es la estupa más importante de Laos:

Pha That Luang  

Alrededor de la estupa, se dejan ofrendas a los ancestros.

Ofrenda de arroz ❤️

Los ancestros están ahí, bien a la vista para recibirte.

 (Escorpio presente)

Cuando baja el sol nos damos una vuelta por el mercado para picar algo.

Bolsitas-ventilador anti-moscas, un clásico

La canasta de mimbre que tiene en la mesa es donde guarda la guasada de arroz que preparó. 

La gente saca sus sillas a la vereda y arma reuniones con amigos y vecinos. Las calles no están muy bien iluminadas, por momentos usamos la linterna del teléfono. Sí, éste es el momento infaltable de cada capítulo donde dedico unos renglones a valorar y agradecer lo que es vivir sin miedo. No pasamos un día sin valorar el estar rodeados de casas abiertas de par en par, de gente dejando sus pertenencias en cualquier lugar o riéndose a carcajadas cuando les mostramos el interior de nuestra mochila al dejar un negocio.

Terminé.

Sigamos.

 

Takhek: Hora de motocicletas

Llegamos a ésta ciudad decididos a hacer un recorrido en moto por los alrededores, pero un hotel vacío con un balcón y unas mesitas muy convenientes nos invitó a aprovechar la comodidad y trabajar.

La hija de los dueños se nos une y empieza a darle color a los dibujos de Juan.

Y de paso se toma unos mates.

laosianita mateando!!! ❤️

Desde el balcón se ve al Mekong que nos sigue acompañando.

Del otro lado del Mekong se ven las luces de nuestra querida Tailandia.

Tras un par de días de trabajo (y de catar todos los puestitos de comida de la zona), alquilamos una moto y salimos de aventura!

Algunos caminos están bien.

Otros están más complicados:

Pero se vuelven inolvidables.

Hay plantaciones de arroz por todos lados.

En un país donde el 90% de su gente trabaja en agricultura, la necesidad de comida hace que se siga cultivando la tierra a pesar de estar infestada de bombas.

Cuando una bomba explota tras recibir el golpe de una pala, por ejemplo, si seguís vivo te toca esperar a que llegue un vehículo que te lleve al hospital más cercano. Si aún te late el corazón para cuando llega, ahora toca transitar un lento camino por rutas súper precarias hasta el centro médico que tal vez no tenga electricidad o agua potable.

La gente que queda con vida sin un brazo, ojos, piernas, o con cualquier tipo de discapacidad se vuelve una carga para las familias que tienen únicamente lo suficiente para subsistir, y algunos terminan aislando a esos seres que ya no pueden ser funcionales.

Cuando baja el sol sucede lo que Juan llama la hora pico del arroz.

La gente vuelve de los arrozales directo a pegarse un baño.

Al lado, unos barcos bastante particulares están estacionados:

Misil transformado en barco

Por la noche, después de encontrar un lugar para dormir, salimos en busca de un televisor, Argentina juega otra vez.

Tras pronunciar la palabra mágica MESSI, un nene entiende todo y le explica a la familia que nos cede su televisor; Argentina perdió.

Al día siguiente visitamos otra cueva más para la colección. Saqué algunas fotos pero no se vé mucho más que mi incapacidad para lidiar con poca iluminación.

Increíblemente se pueden recorrer 7 km por las entrañas de éstas montañas. Un tramo podés caminarlo y el otro lo recorrés en bote en completa oscuridad.

Después de tres días recorriendo sus alreadedores, volvemos a Takhek, casi flotando por ver tanta belleza junta. Pero ese hotel vacío que había sido nuestra oficina, está ahora lleno de turistas recuperándose de accidentes que tuvieron con la moto.

Una chica me cuenta como mentalmente tuvo que entregarse y aceptar lo que tenía enfrente: un médico listo para coserla sin anestesia, lujo del que obviamente carecían. La parada ideal para trabajar se había convertido en un hospital y otra piña de realidad. Me acerco y felicito a la única chica que parece estar entera, y en voz baja y algo avergonzada me dice -atropellamos a un nene.

Entro a mi habitación y arrojo mi cuerpo en la cama. Una tonelada de miedos hacen que me hunda más hondo de lo normal. Pienso en la cantidad de suerte que solemos tener. Pienso que un día esa suerte se va a acabar. Pienso en el próximo destino donde también planeamos a alquilar una moto.

Pienso.

Pienso.

Pienso.

Y me hundo.

 

Pakse, la gris

Ni bien llegamos a éste pequeña ciudad, le dejo las mochilas a Juan y salgo en busca de un hotel. A la media hora vuelvo decidida a subir una pizquita el presupuesto porque encontré un palacio hermoso con habitaciones regaladas por la temporada baja.

Durante el día trabajamos desde nuestra preciosa habitación con vista al bosque y por la noche decidimos comer en un restaurante indio bastante precario. Muchos indios abrieron restaurantes en Laos!.

El dueño es de Calcuta, le decimos que amamos India, pero como suele sucedernos, responde con cara de asco como diciendo -¿Qué es lo que te gusta de esa mierda?-

Pakse es una ciudad chiquita, gris, más bien fulera, de la que ni una foto tenemos pobrecita. No nos inspira mucho más que ganas de irnos; pero es incuestionablemente tranquila, factor que para un indio puede ser sinónimo de paraíso terrenal – sobre todo siendo de Calcuta – ciudad que inspiró el nombre del Capítulo 10: MUERTE Y DESTRUCCIÓN!.

Mientras charlamos le dice en laosiano a las chicas que trabajan para él que vayan cerrando el local; ellas se ríen y siguen charlando un poco más.

-Son vagas, nos dice. -En éste país podrían sacar al menos dos cosechas más de arroz al año, pero sólo sacan una: la que necesitan….

-Viven muy tranquilos y por eso estoy acá-.

Él es un indio raro, es un indio ateo. No sé por qué razón sale el tema del cambio climático. Con una mezcla de calma y resignación, mientras aplasta lentamente su cigarrillo en el cenicero nos dice: -En este momento puedo estar matando a una cantidad infinita de seres de los cuales no soy consciente. Al igual que ellos somos una micro partícula en un universo inmensurable. Tal vez alguien apague un cigarrillo sobre nosotros; tal vez seamos nosotros mismos quienes lo apaguemos. Pero no somos más que materia en proceso de transformación; no somos ni el principio ni el final de nada.-

Mientras nos despedimos, él baja la persiana de su negocio. Otro día terminó.

Volvemos a nuestro palacio en silencio caminando por una avenida oscura y vacía mientras digerimos sus palabras, más que su comida.

No nos dijo nada nuevo, pero sí nos forzó a recordar lo que tal vez por instinto de supervivencia decidimos mantener en un muy segundo, tercer o hasta quinto plano de la conciencia. Tal vez demasiado lejos…

Por un rato todo pierde sentido. La dirección en la que caminamos, el movimiento que hacen nuestros pies y ni qué hablar del sentido de nuestras vidas.

Eventualmente termino mareada por no lograr adjudicarle un sentido ni a la tierra que piso.

 

Espíritus

Al día siguiente, de nuevo ubicados dentro de la estructura imaginaria que nos construimos con tanto detalle para no perder la cordura, iniciamos otro paseo en moto.

¿El sentido?, te lo debo.

En el camino conocemos a una pareja francesa que está por visitar a una minoría étnica y nos invitan a ir con ellos. Por lo general evitamos éste tipo de producto turístico porque suele generar una especie de zoológico humano bastante desagradable. Pero al no estar Laos muy explotado por el turismo -todavía-; al parecer muy respetuosos nuestros nuevos compañeros y al ver que la gente de la minoría parece odiarnos tan solo un poco, decidimos romper nuestras reglas, y mandarnos.

Nos guía por sus plantaciones el integrante que decidió abrir la comunidad al afuera -decisión que le llevó a quedar al borde del destierro.

Nos muestra qué plantas usan para hacer ropa, cuáles para curar heridas, comer durante  el embarazo, etc. Para protegerse de los mosquitos, agarra unas hormigas y en un movimiento rápido de manos las mata y se las esparce por la piel. En otro movimiento igual de rápido, les arranca la cabeza y nos la da para que las probemos. También se las comen.

(Con culpa, escribo que estaban llamativamente ricas. Tienen sabor a limón).

Mientras recorremos las distintas áreas, nos va contando detalles sobre su grupo.

Ellos tienen un Chamán/gurú/médium que hace magia negra para protegerlos de los espíritus del bosque.

Las parejas tienen que casarse jóvenes, de ésta forma los padres se aseguran de que puedan elegirle un esposo en vida. Si el esposo muere, la mujer tiene que casarse con el papá del esposo.

Mientras nos señala una casa cerrada, nos cuenta que si alguien muere por accidente, la familia entera tiene que irse por 5 años a vivir a la selva para llevarse la mala suerte con ellos.

——Breve aclaración, si bien ésta determinación puede sonar apocalíptica para un integrante de una sociedad desarrollada cuya vida se ve absolutamente paralizada sin electricidad; éstas son personas que cuentan con herramientas diferentes. Construyen sus propias casas, saben qué plantas comer, cuáles no, saben cazar, fabricarse ropa con las fibras de las plantas y subsistir con la abundancia que la selva tiene para ofrecer sin necesitar de ningún tipo de enchufe.——

Con esto no digo que estén en un all-inclusive ni mucho menos, pero son detalles importantes a tener en cuenta.

Sigamos! Al momento de parir, las mujeres se van solas a la selva, a la tierra de los espíritus!

Los hombres tienen completamente prohibido intervenir en éste proceso. Otra mujer se encarga de llevarle comida, y una semana después de parir, cuando para de sangrar, la mujer vuelve con su grupo y espera la próxima luna llena.

El sueño que tenga esa noche va a ser interpretado por el gurú. Si es un buen sueño, le dan un nombre. Si es un mal sueño, se espera a la próxima luna llena. Una persona puede pasar años sin nombre, elemento que en ésta sociedad determina el comienzo de la vida.

Los nenes empiezan a trabajar a los 4-5 años recolectando madera, frutos o lo que se necesite. A esa misma edad empiezan a fumar para espantarse los mosquitos con el humo.

Encontré esta foto en internet: 

El concepto del tiempo fue uno de los elementos más interesantes de éste inesperado recorrido.

El año se divide en 8 partes:

  • Temporada de trabajo en los campos
  • Temporada de maní
  • Temporada de café
  • Temporada de arroz
  • Temporada de cosecha
  • Temporada en la que paren los chanchos
  • Y la temporada en la que paren los perros -que dura tan sólo 20 días-

Quien nos guía sabe que nació en 1983, en la temporada en la que los perros tienen crías. Fechas más exactas que eso no es necesario teniendo en cuenta, por ejemplo, que no tienen documentos.

(De todas formas, en las fronteras de los países vecinos, cuando llenas los formularios de inmigración, se contempla la posibilidad de que no sepas en qué fecha naciste).

Por otro lado, tienen el concepto de futuro más hermoso que escuché hasta ahora:

Para vos, que seguramente tenés algún que otro plan para ésta vida, o ésta semana:

—El futuro es el tiempo de lo desconocido, por tanto, el tiempo de los espíritus, y por eso está prohibido hablarlo—

Nadie hace un plan por fuera de un rango de los tres días porque no querés meterte con los espíritus!

❤️❤️❤️

Veníamos todos tranquilos, haciendole alguna que otra consulta, y cuando llegó el tema del tiempo un aluvión de preguntas y desconcierto llovió sobre el pobre hombre. Había dado con una flecha en el centro de nuestra estructura imaginaria.

Estas son sus casas.

No te pierdas a los chanchitos adolescentes de abajo a la derecha

Cada casa alberga unas 17 personas.

Para generar un escenario que medianamente permita imaginarte la cuestión espacial, ellos no suelen tener muebles dentro de la casa. Sé que con este dato no decís ahhh… ahora me cierra todo. Pero alguito ayuda.

Además de cultivar toda la comida que consumen, hace ya varios años están cosechando una planta traída por los franceses en la época de la colonia: el café. Por ahora, y a pesar de que produzcan 8 veces menos que si usaran químicos, continuan haciéndolo de forma orgánica.

Antes de irnos hago mi infaltable visita a la cocina de su casa, donde está su esposa a quien sí puedo fotografiar; al resto del grupo no porque les estaría robando el alma.

Ella y un amigo rufo están tostando el café que nos va a servir

 

Los 4000 rotis

Pasamos los últimos días en Laos en un lugar que se llama 4000 islas donde paramos otra vez a trabajar y a refugiarnos de la lluvia.

Llegando al final, ya bien al sur de Laos, casi en la frontera con Camboya, seguimos viendo al Mekong por la ventana.

 

EL FINAL

Cuando el país vecino gana la guerra contra Estados Unidos, éste se va de Laos y Vietnam dejando dos países completamente devastados.

El Phatet Lao vencedor toma el poder y saca a relucir el lado B del comunismo que cierra las fronteras de Laos para empezar una feroz persecución contra los traidores, entre ellos los 20.000 Hmong financiados por la CIA.

Muchos lograron escaparse a Tailandia nadando de noche por el Mekong o cruzando por las montañas del norte acabando en campos de refugiados tras pasar días de interrogatorio – y torturas en algunos casos.

Ante ésta situación la ONU hizo un llamado mundial para que se reciban a los refugiados, y en respuesta a éste pedido el ministro de Relaciones Exteriores y Culto Argentino dijo:

—”Respondiendo a su llamado, y consecuentes con la tradicional vocación humanitaria argentina, profundamente sensible al problema de refugiados y desplazados en el mundo (…), el gobierno argentino ha querido, por mi intermedio, manifestar su disposición para recibir 1,000 familias de refugiados provenientes de Indochina”.—

Te doy un respiro para que te pronuncies:

 

¡¡¡¡¿¿¿¿QUÉ CARAJO????!!!!

 

Por supuesto ningún laosiano había escuchado hablar sobre éste lugar llamado Argentina, pero como los procedimientos tardaban mucho menos que sus primeras opciones -Estados Unidos o Europa- la urgencia y la creencia de que cualquier lugar sería mejor que el actual, los hizo aceptar.

Al llegar a su nuevo hogar se enteraron que también allí había gente buscando exiliarse.

En ésta parte del mundo, Estados Unidos también estaba financiando y capacitando al gobierno de turno en técnicas de contrainsurgencia. Para ese entonces, el gobierno financiado y portador de la tradicional vocación humanitaria argentina era el de la Dictadura Militar de Rafael Videla.

¡¡¡BIENVENIDOS A ARGENTINA!!!

Para entender un poco éste guión que parecería haberse ido por lugares por los que el sentido común no pasea; es importante saber ciertos detalles: el mismo día que la ONU designaría un vocero que visitaría la Argentina para corroborar la preocupante situación de los derechos humanos, Argentina acepta traer a las familias laosianas. Seguida ésta decisión, ningún vocero de la ONU es enviado.

¿Qué haríamos sin la ONU?

La “vocación humanitaria argentina”, finalmente se tradujo en una cortina de humo y peones baratos para los dueños de las estancias que contrataron a sus nuevos esclavitos indochinos.

La vocación humanitaria seleccionó únicamente a los refugiados más jóvenes para que trabajen en los campos, rompiendo así el esquema de su sociedad donde las personas mayores regulan las relaciones; las organizaciones católicas que intervinieron los convirtieron al catolicismo, despidiéndose así del budismo, el culto a los ancestros o el animismo que solían practicar.

Sin un programa de integración los laosianos terminaron marginados viviendo en un campo de refugiados controlado por militares y policías, pero ahora, en la otra punta del mundo.

Paulatinamente y pese al shock del cambio, lograron una inserción como eficientes horticultores en las tierras que la ONU tuvo que conseguirles cuando se dio cuenta que el gobierno argentino no iba a darles nada de lo prometido.

Serían los hijos de esa camada de laosianos los que lograrían una mejor adaptación teniendo como primer idioma el castellano y entablando vínculos desde chiquitos en la escuela.

Después de 40 años, hoy hay comunidades laosianas por Chascomús, Misiones, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Cipolletti y Mendoza entre otros.

Mujeres laosianas nacidas en Argentina bailando en CHASCOMUS ❤️

Quienes lograron mantener el budismo, construyeron en Misiones, muy de a poco, en sus tiempos libres -y sin faltar los clásicos problemitas de administración de donaciones-, al Buda más grande de Latinoamérica -según dicen.

El principal ingrediente de ésta guerra secreta fue la indiferencia pública. Tratá de imaginarte si fuese Francia la que estuviese ahora plagada de bombas; si fuesen niños franceses blanquitos los que volaran por los aires cuando confunden una pelota con una bomba.

Pero no es Francia, ese país por el que todos cambiamos nuestra foto de perfil en Facebook cuando mueren 3 (TRES!!!) periodistas o se quema un pedazo de iglesia. Es Laos, ese país donde ni nos enteramos que mueren 20.000 granjeros negritos pobres.

Ésto no quiere decir que seamos unas personas horrendas. Quiere decir que somos personas con intereses moldeados por los los medios de comunicación.

La elección de lo que se difunde o no, guarda relación con los intereses de quien escribe, no con lo que es importante. Hoy y hace 40 años.

Hoy Laos es uno de los propulsores del tratado de Oslo que prohíbe el uso o a la producción de bombas de racimo al que 105 países están adheridos.

Estados Unidos no lo firmó.

Argentina tampoco. No por indiferencia, sino porque somos fabricantes y almacenamos éste tipo de bombas.

En ésta nueva época de elecciones argentinas, deseamos -tal vez utópicamente- que desaparezca el fanatismo, enemigo primero del pensamiento crítico. Deseamos mucha paz, amor y mucho, pero mucho escepticismo.

El rol de los medios hoy no varía al de cuarenta años atrás.

Cuarenta años atrás, durante los bombardeos a Laos, prendías la televisión y aparecía el presidente de EE.UU. diciendo que no había ninguna fuerza militar en Laos:

Cuarenta años atrás, el embajador de EE.UU. en Argentina le escribía a su gobierno las novedades sobre la flameante dictadura militar:

“Este es probablemente el mejor ejecutado y el más civilizado de los golpes en la historia de Argentina. Ha sido único en otros aspectos también. Los Estados Unidos no han sido acusados de estar detrás de el, excepto por Nuestra Palabra, el órgano del PCA (…) Los Estados Unidos por supuesto no deben ser identificados muy estrechamente con la Junta, pero en tanto que el nuevo gobierno pueda mantener la línea moderada el gobierno de Estados Unidos debe alentarlo examinando con ojos positivos cualquier petición de asistencia.”

Hoy, 2019, el embajador norteamericano en Argentina declara:

“Me animo a decir sin reservas que esta relación nunca ha sido más fuerte que hoy». «Nuestras historias comparten la lucha por la libertad», en concreto, «la libertad que nos guía, nos inspira y nos hace luchar para ser mejores»”.

Hasta la próxima!


PelÍCULA recomendadÍSIMA de Laos

The Rocket
Dir. Kim Mordaunt
2013

 

 


 

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6 comentarios en “Capítulo 22: Laos y el tiempo de los espíritus

  1. danielperi dijo:

    Este pasa a ser uno de mis blogs imprescindibles, gracias por contar las cosas del modo que lo haces, somos un matrimonio Argentino (yo), colombiana (ella) que vivimos en colombia y que nos gusta viajar y estamos enamorados de Asia. Asique desde hoy tenes dos lectores mas. Suerte

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    • cebollanomade dijo:

      Daniel! Empezamos este blog para tener una especie de elemento conector con amigos y familia mientras viajamos.
      Y me gusta como el azar hace que las palabras, las ideas, tomen forma propia y vayan por lugares inimaginados; como Colombia de tu mano y de tu esposa…
      Un honor tenerlos del otro lado y gracias por escribirnos! Mucha suerte para ustedes también!

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  2. Nora dijo:

    Hermosas imágenes, bello relato, hasta ricos olores de esas comiditas que fotografiaron.
    No sin asombro leí que aún hay laosianos en Argentina. Recuerdo la llegada como refugiados, pero estaba convencida que no se habian adaptado y que habían vuelto a su país..Siempre se aprende.
    Beso grande para los dos, con sabor a mar
    Nora

    Me gusta

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