Capítulo 21: Tailandia y la semilla del tiempo

Y tras pasar un mes en China, el país donde los monjes tienen que llenar un formulario para reencarnar, nos mudamos a Tailandia; el país donde cada hogar tiene una casita para sus espíritus! ❤️

Esperando que éste párrafo no te ahuyente, recomendamos hacerte de un rato para leer éste post que es un pelín más largo de lo normal (por no decir que me fui al carajo).

Recomendamos apaciguar el ritmo autómata con el que tu dedo desliza las toneladas de información que recibís por día.

Recomendamos una pausa.

-Y si tenés unos auriculares y un lugar en silencio para leer, mucho mejor-.

Bon voyage!

 


PARTE 1


 

Bangkok

Volver a Tailandia se siente como volver a casa, es tierra conocida, es tierra querida. Llegamos a las cuatro de la mañana, nos tomamos un bus destartalado y nos vamos a hacer tiempo a Starbucks donde nos damos la inyección de occidente que tanto necesitamos cada vez que salimos de China. Nuestra perdición: la croissant con doble queso.

La cantidad de queso que usa esta corporación es simplemente obscena. En el primer mordisco siento el perfume del queso que hace meses que no como y el aceite de la croissant de no tan buena calidad que por alguna razón mi paladar adora.

Qué placer poder disfrutar de esa bola amorfa que es el queso derretido! DIOS SANTO!!

Ya en nuestro nuevo departamento, ni bien abro las ventanas, el pájaro que musicaliza en Tailandia nos da la bienvenida.

En un par de horas pasamos de -10 grados a 40, cincuenta grados de diferencia! Hacemos una montaña con la ropa de invierno que huele a muerte deseando echarle fósforo y que arda, pero controlando nuestros impulsos la depositamos en el lavarropas.

Liberada de las mil capas salgo en búsqueda del mercado de mi nuevo barrio. Irradio energía! Camino sintiendo cómo mis poros sonríen al recibir sol. El calor de Bangkok suele expulsarme pero hoy lo disfruto como si fuese la primera vez que siento el sol -Ilusión que va a durar lo que un pedo en la cesta, como diría mi delicada madre-.

Estamos en uno de los tantos barrios súper tranquilos de la Bangkok frondosa, viva, llena de plantas y ardillas corriendo por los cables de luz. A lo lejos diviso la avenida donde me espera el caos y los miles de puestitos de comida extremadamente deliciosa. Qué bueno volver a casa por diosss!

Vinimos a Tailandia por dos razones:

1- Hace ya varios años que no visitamos un médico.
A quienes viven en países donde tenés que vender un órgano para pagar el costo de la medicina, a veces les sale más barato tomarse un avión y ver a un médico en la otra punta del mundo que ver al que atiende en la misma manzana de su casa; generando así el famoso turismo de salud.

Tailandia es el rock star del turismo médico. Cuando estás en un hospital -de las zonas turísticas- de a ratos tu conciencia puede tener lagunas en la que no reconozca si se está en un shopping, un hotel cinco estrellas o un hospital; y más allá de ésta superficialidad irrelevante, los médicos son muy buenos y los precios accesibles.

2- Segundo, pero no menos importante, nos estamos quedando sin dinero. Hay que parar a trabajar.

Tras una semana de organización en Bangkok decidimos hacernos los chequeos médicos en Chiang Mai, una ciudad bastante más chica al norte del país. Y como si estuviésemos en completa sincronía con andá a saber qué, en esa semana llega exactamente lo que vinimos a buscar.

Juliana (Colombia) y Jaayden (Estados Unidos) están desarrollando un juego que se llama FOURZY y están en Chiang Mai! Después de 12 años de trabajo freelance, Juan va a tener su primera reunión en persona con sus nuevos clientes -y cuasi vecinos-.

Juliana y Jaayden

 

nido nº1 – la casa de las mujeres

Nos tomamos nuestro tren preferido de Asia y llegamos a Chiang Mai, paraíso gastronómico.  A los sabores locales se le suma el poder reencontrarte con la palta, la quinoa, la kombucha, el yoga astral y los cuencos galácticos.

Después de pasar un mes en China, donde hasta la lechuga pasa por la sartén antes de ser ingerida, reencontrarnos con todas estas joyitas de la tierra es una fiesta. Acá un almuerzo que nos preparamos en la nueva casa:

Palta, rúcula, tomates cherry, berenjenas, papas condimentadas con el ingrediente que nació para acompañarlas: romero, una especie nueva de hongos que encontré en el mercado, porotos, repollo colorado y zanahoria; todo bañado luego en oliva, ajo, sal y pimienta negra recién molida. Una fiesta!

Pasamos Navidad en Chiang Mai siguiendo nuestra tradición muy al pie de la letra. El 25 por la mañana suelo recibir un mail de mi mamá emocionadísima enviándome todos los buenos deseos que una madre puede generar, y medio dormida le pego un grito a Juan:

– ayer a la noche fue navidad…
– ahh… pensé que faltaban unos días…

Vibramos energía navideña.

Feliz Navidad y una próspera diabetes!

Mientras caminamos por las calles de la Chiang Mai budista plagada de Papanoeles incitando al consumo, un grupo de personas cantan villancicos en la puerta de una iglesia. No hay una vez que me cruce con semejante fenómeno que no me quede absorta mirando sus caras deseando tener superpoderes que decodifiquen qué es lo que la vida les pone en frente para que decidan cantar villancicos en la puerta de la iglesia.

Una de las cosas que más valoro de éste viaje es que me fuerza a cruzarme con personas súper diversas que me abren las puertas de sus universos.

Natalie, un nombre que invento mientras escribo para permitirme ventilar su privacidad libremente, comparte la casa con nosotros y canta villancicos en la puerta de las iglesias.

Mientras tomo un té y ella un café que Juan nos preparó, le pregunto por la cicatriz que tiene en la garganta. Tras una pausa, me cuenta que suele responder que fue una simple intervención quirúrgica, pero ese día decide explayarse. Como la mayoría de las mujeres en Sudáfrica, como su mamá, como su hermana, a Natalie la violaron y golpearon repetidas veces. A los veintitantos años cansada de su existencia trató de matarse con una sobredosis de antidepresivos, pero un mal cálculo -o un infiltrado deseo por quedarse de éste lado como señalarían los optimistas- la dejó en estado vegetal. La cicatriz que lleva en la garganta es la huella del respirador que la mantuvo viva por meses. Cuando no entiende por qué hay tanta mierda en su vida, reza y entregarse a un master plan que Jesús diseñó a priori para ella, la reconforta.

Ahora transita la etapa alquímica de recuperación: usar su experiencia para ayudar al otro; o en otras palabras, transformar la mierda en oro. Mientras trabaja en una ONG ayudando a mujeres rescatadas de la trata de personas, estudia abogacía esperando especializarse en los derechos de las mujeres.

Cuando la escucho pienso en lo agradecidas que se deben sentir las mujeres que reciben y recibirán su ayuda. Pienso en como esa ayuda les llega gracias a todos los eventos no deseados que tuvo que transitar Natalie, dejando al descubierto los infinitos matices que posee cada acto, acción o evento que se produce.

En el el primer Año Nuevo que pasa fuera de Sudáfrica, preparamos comida entre los tres y a las 12 nos vamos a la terraza a ver las miles de lámparas de fuego que vuelan en el cielo.

Eventualmente nuestra habitación se alquiló y tuvimos que buscar otro hogar. Una cocinera de Corea del Sur que está escribiendo un libro de recetas llegó en nuestro lugar, nos cuenta Natalie ahora por teléfono.

 

nido nº2 – Sammyland

Habiendo ya resuelto el tema de los médicos, no hay necesidad de quedarnos cerca de la ciudad. Hola casa nueva!!!

Pedazo de oficina ligamos!

Desde la cama se escuchan a los peces saltar! El nuevo escenario tiene sonidos de todo tipo:

Una noche, mientras trabajamos, suena un golpe muy fuerte en las escaleras. Incluso Juan, que estaba escuchando música con auriculares, pausa para ver qué había pasado. Abro la puerta y está ella, una compañera de hábitat que cayó del techo a nuestras escaleras…

Pedazo de bicha

Sammy compró esta porción de tierra como un arrozal seco y lo reforestó hasta que no quedó ni medio metro libre sin árboles. Dadas las nuevas condiciones de abundancia, todos los animales de la zona decidieron mudarse y viven con nosotros en éste pedazo de paraíso.

Al rededor del estanque hay unas 4 ó 5 casas. Frente nuestro vive quien es hoy mi hermana china: 宁锦璇 ! (Jinxuan Ning). Fue ella quien me dio la clase magistral de confucionismo que compartí en el post anterior.

Si bien es ella quien me cuenta que su cuerpo pertenece a sus ancestros, un par de años atrás estaba en México casándose con su actual esposo ruso, a escondidas de su familia -y de sus ancestros-.

Su compañero, Никифоров Кирилл (Kirill), no es chino, es pelado y usando etiquetas capitalistas, es pobre. Estos tres elementos lo convierten en la pesadilla de cualquier familia china.

Pero he aquí la bella excepción a la regla! ❤️

锦璇

En una de las visitas que hacemos a su casa probamos su iPad Pro y entre los cuatro dibujamos a la Cebolla mientras tomamos té verde.

❤️❤️❤️

Ahora estamos a una hora de Chiang Mai, donde sólo vuelvo para comprar aceite de oliva. Aprovecho el viaje para comprar café para Juan. La gente local parecería tomar únicamente  veneno en polvo: Nescafé. Además encontré el dato de una tienda india que vende garbanzos en un mercado al este de la ciudad así que me subo a la moto y viajo 3 horas para conseguir el oro líquido y los granos.

Si bien Chiang Mai es una ciudad chiquita comparada con Bangkok, hay mucha gente, mucho tráfico, mucho ruido, mucho calor. A la vuelta, voy dejando la ciudad atrás sintiendo cómo la temperatura va descendiendo y los ruidos de las máquinas desapareciendo hasta quedar tan sólo el sonido de los pájaros, el viento y el motor de mi moto. Rodeo los campos de arroz amándome por la decisión de no vivir en la ciudad.

Dejo los garbanzos en remojo y al día siguiente preparo falafel que envuelvo en chapatis, y aderezo con hummus, todo bañado en abundante oliva.
Sammy no puede creer que pase 4 horas cocinando. Cuando cocinás comida tailandesa, si tardás más de 30 minutos es que hay algo que hiciste muy muy mal.

Por la tarde -o cuando logramos vencer a la némesis- nos damos un chapuzón super refrescante en el estanque.

Las noches en las que no tiene resaca, Sammy se encarga de preparar reuniones llenas de comida y amigos que sedan su profunda soledad.

Argentina y Rusia ranchean las reuniones con un fuego magnético en el medio de la galería.

(ruso con buzo de River)

Sammy está completamente enamorado de Juan y Kirill.

Volver a generar vínculos nos hace registrar lo solitarios que habían sido los últimos tres meses que pasamos en Taiwan, China y Corea del Sur. La barrera idiomática se hizo sentir…

Con el pasar de los días, me quedo sin oliva otra vez y mientras me preparo para ir a la ciudad, Juan me lanza la frase que queda clavada en mi almita herida: – SOLTALO, estás en Tailandia.

Si bien el pasar tanto tiempo de a dos puede hacer que los límites se difuminen, dentro de lo posible, intento mantener mi esencia lo más intacta posible. Manejar 3 hs por un nectar que adoro es algo muy mío y no está en mis planes modificar. Pero sus palabras me resuenan y decido aceptarlas, al menos para experimentar por un rato y darle lugar a la próxima etapa:

 

MI VIDA SIN EL OLIVA

Los capítulos nuevos de la vida, al menos en la mía, suelen abrirse cuando un objeto -o muchos- se mueven de lugar. Por más que te suene una tremenda pelotudez, el oliva dejó un espacio vacío para que algo nuevo aparezca. El laboratorio de cocina presidido por Sammy fue ese nuevo elemento.

Cada almuerzo, con resaca o sin resaca, Sammy se prepara un festín; y por el mes que pasamos en su casa, me convertí en su Juanita.

En ésta última foto, un vecino le trajo a Sammy unos pescados de su estanque que con Jinxuang  nos encargamos de limpiar. No sé si usar la palabra placer para describir lo que siento al destripar un animal, pero sin dudas lo disfruto. Siendo vegetariana hace ya unos 17 / 18 años es una sensación bastante contradictoria. Tal vez sea la curiosidad de ver lo que suele estar cubierto, o el tener en mis manos un registro tangible del carácter frágil y efímero de mi ser, y de todo lo que me rodea; o simplemente sean vestigios de esa maldad que muchos consideran inherente al ser humano. Sea lo que fuera, en 10 minutos los pescados están listos para marinar y freír.

Sammy ya está brindando en la mesa y yo me quedo viendo cómo el aceite va transmutándoles la piel convirtiéndola en dorada y crocante.

Cuando le pido que prepare platos específicos me manda al mercado a comprar los ingredientes.

Pad See Ew, el plato preferido de la temporada

Otras veces recolectamos plantas por el barrio.

Sammy creció en un campo de arroz ayudando a su familia; mientras recolectamos ¨morning glory¨, un vegetal que crece cerca de arroyos y que desconozco si tiene alguna traducción al castellano, me dice que tenga cuidado con las serpientes. Selecciono las ramitas más jóvenes midiendo a la tremenda araña que me observa posada sobre una hoja, entre otros tantos bichos que me cruzo.

Sigo recolectando pensado en esa vida que deseo tener en algún futuro. Mi huerta, mis animales y los peligros que envuelven a la naturaleza que a veces logra disfrazarse de paradisíaca. Todo quiere matarte, diría Santi, el hermano de Juan.

Pienso en cómo el humano erradicó este tipo de peligros al crear las impolutas góndolas de supermercado que parecerían no implicar ningún riesgo aparente, –hasta que leés los ingredientes o te informás sobre cómo fue criada/producida esa comida.

A la vuelta nos cruzamos con una planta llena de flores que nos va a servir para hacer un segundo plato. Igual que en China, en Tailandia, el centro de la comida es el arroz blanco sin sal ni nada. Para un tailandés si no hay arroz, no es comida. Los platos que se van a comer junto con el arroz son las bombas de sabor que van a impregnar al grano insulso -pero sagrado en ésta zona-.

Recolección

omelette de flores ❤️

Tras compartir dos semanas, una cocinera de Corea del Sur que está escribiendo un libro de recetas alquila la casa de Jinxuang y Kiril y se tienen que ir, pero por suerte encuentran otra casa por el barrio para poder seguir cerquita.

Si en éste momento del relato encontrás alguna coincidencia con el por qué nosotros tuvimos que dejar la casa anterior, es un signo de que tu memoria funciona bien. Te felicito. La mía no pasó la prueba; pasamos dos semanas con Juha visitando mercados, cocinando e intercambiando recetas para que recién desde Corea me escriba diciendo que había encontrado mi nombre en el historial de inquilinos de la casa anterior.

Juha y Sammy

Obviamente al tener una cocinera coreana de vecina no pudimos resistirnos y le pedimos que nos prepare un frasquito de Kimchi que devoramos.

Kimchi de Juha

Tras Juha, llegó Brandon desde Estados Unidos, que probablemente hoy lea éstas líneas desde su país.

Eventualmente la historia se repitió: alguien alquiló nuestra casa y nos tuvimos que ir.

 

nido nº3 – la casa de las vacas

Un eclipse de luna roja nos da la bienvenida a Pai, donde tras dos días de búsqueda encontramos nuestro nuevo hogar:

Parece normalita, pero he aquí la parte de adelante:

Búfalos

Y la parte de atrás:

Vacas

La dueña busca por horas las llaves de la casa que, a pesar de estar totalmente equipada con una computadora Mac inclusive, hace años que no las usa. Nos dice que podemos usar la moto pero tampoco nos deja las llaves que obviamente están puestas en la moto al lado de la puerta abierta. ¿Dónde más?

En una casa sin llaves ni rejas las preocupaciones se reducen a una manada de perros que visita la propiedad por la noche y corre a nuestros nuevos gatos.

Ella parió en la noche del eclipse así que quedamos a cargo de los nuevos seres. No conforme con nuestros cuidados, decide llevárselos a vivir al techo de la casa cargando uno por uno. Me subo a una mesa y le voy pasando los que faltan.

Cuando se hincha las bolas de sus labores maternales, se toma un recreo con nosotros.

Ya con menos distracciones, 8 am estamos arriba -para ésta etapa, 8am es temprano-. Preparamos la ensalada de frutas, Juan hace yoga con los gatos, riega las plantas y después nos ponemos a trabajar.

Al mediodía preparamos un almuerzo juntos. Tenemos una cocina chiquita pero le sacamos humo:

Preparé mis primeros spring rolls:

Pad See Ew con Chimichurri Thai (salsa de pescado, ajo, chili, limón y azúcar)

Las primeras ensaladas de papaya

machacando la papaya

(Salían más bien flojitas. Hoy, si me pongo un puestito, me lleno de oro. TRE-MEN-DAS me salen!)

Con las sobras del Kimchi de Juha preparo mi panqueque coreano preferido -que se me rostiza un poquito-.

Cada tanto aparecen las raíces italianas en forma de albóndigas de seitán -que dejo estacionando desde la noche anterior- y hongos acompañadas por una salsa que preparo  triturando unos tomates y caramelizando cebollas con bastante azúcar de palma para que no me pidan a gritos un chorrito de oliva.

Después de almorzar le llevamos a las vacas los deshechos orgánicos. No dejan nada!

Por la tarde no queda otra que entregarse al calor. Ésta casa me lleva a dormir siesta casi todos los días. La música de las campanas de las vacas, la  paz del campo y el calor tienen una especie de efecto hipnótico que me va meciendo, el libro que leo se cae quedando en una especie de limbo donde sólo quedan campanas sonando en la oscuridad.

Cada casa que habitamos va moldeando nuevas formas de vida. Es interesante ver cómo lo que hacés cada día no sólo es un producto de tu deseo o rutina, sino de la estructura que te contiene, que te marca ritmos, te inspira a ahondar en ciertas actividades y bloquear otras. (Y ni hablar del contexto donde ese hogar está insertado!).

Siempre nos imaginamos que mientras los Vikingos, por poner un ejemplo, andaban luchando tratando de colonizar cada pedazo de tierra que se cruzaban, en Tailandia la gente seguramente estaba muy tranquila durmiéndose una siesta. Si hoy la gente vive a un ritmo completamente diferente, imaginate en otras épocas…

La dueña nos dijo que mantengamos la cerca cerrada para que las vacas no se coman la huerta; pero afuera el pasto fresco escasea y adentro hay demasiado por lo que en pocos días las reglas se flexibilizan…

Mudo mi oficina afuera para poder trabajar y cuidar que las vacas no se coman la huerta; llegamos a tener unas 10 vacas.

La  huerta está bastante descuidada. La miro deseando tener una propia y recordando cuántas cosas plantamos en los 40 centímetros de tierra que teníamos en Buenos Aires.

Zapallos, berenjenas, rúcula, ajo, papa, orégano, tomillo, tomates, albahaca, alguna que otra planta de ilegal comercialización… de todo.

Tras un par de días de encontrarme en la ridícula posición de estar deseando tener una huerta teniendo una al frente, reaccioné.

¿Por qué voy a cuidar de una huerta únicamente si es la mía? Claramente me estaba dejando llevar por ese delirio de la conciencia que hace que nos pensemos como unidades separadas donde lo único que importa es lo mío. Mi familia, mi casa, mis amigos, mi huerta.

Mientras las nuevas ideas se acomodan saco todos los yuyos, armo un canal de riego, germinamos las semillas de las verduras y frutas que comemos y las pasamos a tierra cuando ya están listas.

Un mes después escucharía a Jack Kornfield diciendo una frase que engloba claramente lo que estaba sintiendo:

“The true joy in life is to plant trees under the shade you don’t expect to seat. To be able to add something to the world not because is something for you as this separate small self, but because you sense yourself as a part of something bigger. That is what make us happy”.

Algo así como:

“La verdadera alegría de la vida es plantar árboles bajo cuya sombra no esperás sentarte. Ser capaz de dar algo al mundo no porque sea algo para vos como ser pequeño y aislado, sino porque te sentís parte de algo más grande. Eso es lo que nos hace feliz”.

❤️

Cuando baja el sol, trabajar en la huerta nos dá un buen recreo de las computadoras.

Con las manos en la tierra y escuchando las campanas de las vacas pienso en que deberíamos encontrar una forma donde ellas nos beneficien y nosotros las beneficiemos a ellas; en construir una relación basada en el mutualismo.

Una idea tan simple es la base de cualquier relación: que ambas partes crezcan gracias al otro. Si tan solo pudiésemos equilibrar éstos vínculos dejaríamos de relacionarnos parasitariamente con el planeta que habitamos.

Cuando se va el sol y llegan los mosquitos trabajamos un poco más y después cerramos el día preparando una cena .

Siguiendo con el fluir inmobiliario, la casa se alquiló; pero nuestros vecinos, Oli y Celine nos encontraron otro lugar. Celine es escritora y Oli trabaja seis meses como diseñador gráfico, y seis meses como voluntario en distintas partes del mundo ayudando a animales en extinción.

Ellos también se tienen que mudar en 15 días, nos dicen que deberíamos visitar el lugar al que se mudan, están seguros que nos gustaría. Es en las orillas de un estanque en las afueras de Chiang Mai.

:)

Si, increíblemente Celine y Oli se fueron a vivir a la misma casa donde vivieron Jinxuang, Kirill, Juha y Brandon en Sammyland:

 

nido nº4 – la casa de las gallinas

Intenté sacarle fotos a la casa que nos encontró Celine, pero hay taaaaantas flores, que no encontré un buen ángulo.

Santa Rita

En la parte de atrás hay una construcción independiente donde está la cocina, clásica decisión tailandesa.

La cocina y mi colección de salsas

Estamos casi en la base de una montaña, ésta es la vista de la parte de atrás:

En ésta casa vimos varios amaneceres forzados. Como muchas casas de éste país, la casa está construida en la altura para protegerse de las inundaciones y uno de los gallitos toma la decisión de ponerse a gritar cada mañana a las 5 am, exactamente debajo de nuestra cama.

LOS AMO!

Cuando salís de la selva de Santa Ritas se pueden ver pedazos de cielo:

Cada vez que tenemos gallinas detectamos que hay una que se destaca y la llamamos Superior. Suele ser la que menos esperas!

La primera Superior que conocimos comía Pad Thai del wok que le dejaba abajo de la mesa mientras almorzábamos.

Ella es la Superior de Pai:

Superior es tirando a fulera, pero las apariencias son lo de menos. Ella es valiente y desde el primer día su intuición le dice que puede confiar en nosotros, mientras que al resto le lleva más tiempo.

Juan aprendió a conversar con las gallinas que le responden mientras lo miran completamente extrañadas. Las amo un montónnnnn!

Finalmente llega el proyecto que va a costear probablemente el próximo año de viaje, así que para el almuerzo preparamos algo simple TODOS juntos.

Seis meses en India hicieron que los chapatis entren en la categoría de simple.

Mientras los amaso, Superior pega un salto y tras un par de aletazos está arriba de la mesa picoteando los pedacitos de masa que “se me escapan”.

#HOLABROMATOLOGÍA

Ninguna Muralla China o Taj Mahal supera el amasar chapatis con Superior en Tailandia. ❤️

Mientras amaso hago los movimientos que vi a mi papá hacer durante eternidades y que él vio de su mamá. Si hubiese tomado algún alucinógeno, vería una ramificación de manos amasando los chapatis; pero al no haber ningún intoxicante de por medio, me limito a imaginarlos.

Cuando termino huelo la masa y hundo un dedo; como hice con cada masa que papá me dio para oler.

Mirá qué bellos nos salieron:

A la harina le agrego abundante pimienta negra recién molida, ají molido y sal para que tenga un saborcito de base.

Por la tarde el calor nos tumba pero la siesta ya no es una opción. Juan saca la mesa afuera para trabajar más fresco y Superior se duerme una siesta junto a él.

(Abajo a la derecha está Superior mirando a la cámara)

❤️

Por la noche puedo dedicarme a preparar algo más complejo, como puede ser el pan chino de verdeo que nos encanta acompañado por algunas verduras o un curry para mojarlo. CA_RA_JO!

Para generar un efecto tipo ojaldre hay que ir estacionando la masa en intervalos de 20 minutos.

Se cocina sobre una superficie plana, pero un wok es todo lo que tenemos (prácticamente hace 4 años!).

Antes de sacarlo lo vas apretando y rompiendo para reforzar lo crujiente. 

Una noche, cuando estoy por pegar un grito al cielo porque se acabó la garrafa, Juan hace uso de sus neuronas y encuentra la solución: mientras él busca leña con su linterna, yo preparo una mini cocinita en el jardín y terminamos cocinando tres platos chinos al fuego y comiendo bajo las estrellas rodeados de las gallinas que ya duermen en los árboles.

❤️

Pero el reloj nos corre, los tres meses de nuestra visa se están por vencer y recién estamos empezando el nuevo proyecto que pinta para largo. Nuestro próximo destino es el vecino Laos, país poco desarrollado donde la infraestructura y las comodidades para trabajar se reducen considerablemente.

Nos toca decidir nuevamente…

Como despedida, después de limpiar y armar las mochilas, les dejamos un plato gigante de arroz a las gallinas, nos subimos a la moto y dejamos atrás otra casa más. No me puedo secar las lágrimas de la cara porque la moto está muy pesada con todos nuestros bártulos y podría perder el equilibrio…

 


LAOS

Llegamos a la frontera con Laos el último día de nuestra visa tailandesa, media hora antes de que cierren las puertas. Caminamos del otro lado cargando únicamente el alivio de haber podido salir a tiempo.

La mente está en blanco.

Sabemos que es hora de tomar una decisión, pero todavía no la vemos clara. Buscamos un hotel donde pasar un par de noches mientras esperamos que el próximo paso termine de cuajarse.

Son días de cansancio y malabares para que la incertidumbre no nos coma.

Pero poco a poco las piezas encuentran su lugar cual tetris, la luz se prende y el milagro sucede: HABEMUS DECISIÓN!

 

 


PARTE 2



DE VUELTA A CASA!

Encontré una casa que excede nuestras necesidades en Tailandia a tan sólo media hora de la frontera y hacia allá vamos. El mismo oficial que selló nuestro pasaporte 2 días atrás suspira resignado al ver a estos residentes.

Del otro lado de la frontera están los dueños de la casa esperándonos para llevarnos a nuestro nuevo nido.

Con algo de pudor escribo que pegamos tremenda casa: dos pisos, dos cocinas, mesas enormes para trabajar por todos lados, buenas luces para dibujar de noche, una pileta enorme, mesa de pool, piano eléctrico… todo nuevo!

La alquilamos por un mes, pero para qué intentar generar intriga si siempre pasa lo mismo… Tailandia nos chupa, el proyecto se extiende y nos terminamos quedando otros 3 meses, tratándose éste post sobre el MEDIO AÑO que vivimos en éste país.

 

Khun Tan – nido nº5

En éste pueblo vive la familia de la esposa de Heinz, el señor suizo que nos alquiló la casa. Es un pueblo donde no hay nada para ver más que su bella cotideaneidad -como cualquier pueblo no turístico de este increíblemente bello país-.

El pueblo tiene 2 calles y ésta es una de ellas:

Entre las dos calles, corre un rio donde viven unos peces hermosos:

Al rededor del río crecen las flores que uso para darle más color a la ensalada de frutas del desayuno.

❤️

También saco de la calle citronela, ají, y mangos verdes para comer como ensalada – ingredientes clave de la cocina tailandesa-.

El pueblo entero es comestible, hasta de las macetas salen ananás.

papaya

jackfruit

longam

lychee

mangos

Si me soportaste hablando de comida hasta acá, probablemente asumirás que llegué a mi paraíso; y así fue.

En las puertas de la mayoría de las casas hay una mesita donde la gente vende lo que sobra de sus huertas y frutales: hongos, bananas, papayas, choclos, flores, huevos de sus gallinas, de sus patos, de sus codornices…

Por supuesto nunca hay nadie para “cuidar” la mercadería.

casita de los hongos

Sus huertos van armandonos el menú de cada día.

Paralelamente estoy trabajando en un proyecto que agrego a mi famosa colección de Proyectos que me van a hacer perder dinero. En éste caso, un calendario de frutas y verduras para recordar a la hora de consumir qué está en estación natural y qué está en estación Monsanto-Bayer.

Acá una de mis preferidas, la rúcula que tanto extraño:

Comentarios diciendo que lo que hago es hermoso y que les encantaría tenerlo en su cocina podrían llegar a ser de gran utilidad. No tienen que ser necesariamente verdaderos, en ésta instancia acepto todo tipo de mentiras.

Tras largas y seguramente innecesarias reflexiones, llegué a la conclusión de que sigo escribiendo porque hay algunas personas que disfrutan de leerme y me lo hacen saber. Supongo que si no tuviera la devolución que tengo, me iría olvidando y seguiría con otra cosa… Por lo que aprovecho para dejarles un GRACIAS y ponerme algo trilladita al recordar que éstas lineas no existen únicamente porque me levanté con ganas de tipearlas, sino también gracias a vos que estás del otro lado completando el ciclo.

.♦  🙏🙏🙏   ♦

Al ser éste un pueblo que vive lejos del turismo, no somos considerados como una fuente de ingresos, sino como invitados. Cuando voy a comprar, la mitad de la comida me la regalan; sumado a que día por medio encontramos regalos en la puerta de casa:

PAUSA! Cualquier hombre que desee proponerme matrimonio: éste método, funciona!

cilantro, morning glory, limones que no se ven, envueltos en hoja de banano y huevos

conserva de mango, banana asada, echalote, ajos, citronela, una fruta que no sé el nombre, mango verde para ensalada y un coco listo para tomar.

Para mantenernos fuera de cualquier tipo de idealización es bueno recordar que somos farangraza blanca en tailandés-. Gracias al azar que nos hizo nacer en un hogar de blancos descendientes de europeos, entramos en el casillero de extranjero bienvenido.

Tras explotar la burbuja, continúo:

Ya sin Sammy, recolecto y preparo mi propia morning glory!

Juan me ayuda a preparar los ingredientes; la historia casi siempre empieza así:

ajo picado grueso, ajo picado fino, jengibre, ají fresco, seco y molido

Cuando está todo listo para empezar, él pasa a musicalizar dando por iniciadas las  Khun Than Sessions que ya están en proceso de edición! Cada almuerzo lo preparo con música en vivo. ❤️

Mientras recorro la casa el primer día sin poder creer el terrible nido que tenemos, me cruzo con ella; ese elemento que me recuerda que no existe el paraíso y que el progreso, suele ser retroceso: la cocina es eléctrica. Lease: la puta mierda; las cocinas modernas están diseñadas por gente que no cocina, básicamente, ahí radica el error.

Apoyar el wok de hierro sobre la superficie vidriosa de la cocina eléctrica es la sensación menos erotizante del universo. Mis ovarios se achicharran al sentir el sonido que hacen estos dos materiales -que claramente se repelen- al entrar en contacto. Podría escribir un libro entero sobre cuánto las aborrezco. La muerte de la magia se titularía. Pero supongo que quien se resistía a cambiar la leña por el gas ya escribió varios volúmenes al respecto.

“Los humanos somos los primates que cocinan, las criaturas de las llamas”, dice Richard Wrangham.

En ésta tarea infinita por tratar de sentirnos superiores, algunos historiadores detectan en el control del fuego y la posterior posibilidad de cocinar, el elemento que nos diferencia del resto de las especies.

Al haber el fuego reducido el tiempo que nos lleva digerir la comida, al no tener que pasar todo el día masticándola por poner un ejemplo, el homo sapiens ganó tiempo libre para otros propósitos, como por ejemplo, el crear cultura.

El cocinar nos dio el tiempo para convertirnos en quien somos hoy, pero paradójicamente, hoy ya no tenemos tiempo para cocinar. Lo que me lleva a pensar que si el tiempo libre fue el generador de cultura, la extinción del tiempo libre podría pensarse como la muerte de la cultura.

Cuando nos alimentamos con comida procesada preparada por corporaciones que tienen la nutrición como último de sus objetivos, no sólo estamos dándole mierda a nuestro cuerpo, sino que estamos apoyando económicamente la expansión de ésta tendencia.

Recuerdo uno de los mejores halagos que recibí cuando Ger, un amigo de Juan, abrió nuestra heladera:

-No tienen nada del supermercado!- miró sorprendido.

Ésta es una heladera de resistencia!

Retomando, gracias a las garrafas, junto con China, Tailandia es el país con las mejores cocinas que probé hasta ahora. Muchos de los platos de ésta región tienen un tiempo de cocción aproximado de 1 minuto gracias a las terribles llamas que tienen; tener una cocina eléctrica era una falta total de respeto a la cultura tailandesa – y a la humanidad.

Como diría Mirta, – Así, NO!

Hablamos con el dueño y al día siguiente llegó ella:

La “Picnic”

Ésta es la garrafa que suelen llevarse los tailandeses al Picnic. Como ya expliqué, en Asia no tienen idea del sandwuchito simple de jamón y queso. Ellos van con todo!

Automáticamente al entrar en contacto con terrible potencia el sabor de las comidas explotó y redujimos a la mitad el tiempo de cocción.

En la última foto Juan está preparando su especialidad asiática: el arroz frito que cocina con su hermoso toque de masculinidad:

En un almuerzo volvieron las raíces italianas, pero ya transformadas.

canelones

El sabor de base de la comida empieza con la grasa que uses y en lugar de empezar con aceite de oliva, caliento leche de coco y espero que el calor evapore el líquido y separe su propio aceite. Recién ahí disuelvo el curry rojo. Al final agrego maní recién tostado y triturado -otro elemento clave en la cocina del sudeste asiático-.

(La masa también la preparé con leche de coco en lugar de agua).

Después de comer jugamos dos partidos de una especie de “pool” re-inventado para bajar la panza. Las comillas se deben a que tuvimos que crear un juego nuevo porque el original nos aburre. Mi compañero tiene muchísimos talentos, pero perder no es uno de ellos por lo que a veces tenemos lo que podría llamarse el dramón de la media tarde. Para esquivar la siesta, los dramones y volver a trabajar frescos nos damos un chapuzón en la pileta.

Después cada uno se va a su respectiva oficina: él en el piso de arriba, yo en el de abajo.

Cuando baja el sol, salgo a ver qué sacaron las señoras de sus huertos.

A veces es la frustración por no poder resolver un dibujo la que me expulsa a alejarme un rato. Andar en bicicleta por el barrio estando de mal humor es como correr fumando: 100% incompatible. Los vecinos calmos y sonrientes riegan las plantas después del día de calor, los peces nadan en el río, los patos en los campos de arroz inundados, una señora baila sola en su jardín… El atardecer tiñe cada escenario con un rosa extremo. Simplemente no tiene sentido el mal humor.

Para encontrarte con las miserias tailandesas tenes que cavar bien profundo. Las apariencias se cuidan y el conflicto se evade. Nos movemos por el país sintiendo que finalmente llegamos al paraíso.

En la película Matrix, Cypher, antes de meterse en la boca un pedazo de carne dice:

“I know this steak doesn’t exist. I know that when I put it in my mouth, the Matrix is telling my brain that it is juicy and delicious. After nine years, you know what I realize? Ignorance is bliss”.

“Sé que este bife no existe. Sé que cuando lo pongo en mi boca, la Matrix le está diciendo a mi cerebro que es jugoso y delicioso. Después de nueve años, ¿sabes de lo que me doy cuenta? La ignorancia es felicidad”.

Tailandia es mi bife.

Cuando paso por el almacén tengo mi clase diaria de tailandés. Ellos abren la tienda a las cinco de la mañana y la cierran a las nueve de la noche. A veces el señor está leyendo un libro, a veces está dormido en su silla. La señora y su marido -igual que todo el resto del barrio-  no hablan ni una palabra de inglés, con todo el tiempo y la paciencia del mundo me van enseñando los nombres de lo que llevo y me corrigen temitas de pronunciación. Como el chino, es una lengua tonal por lo que la palabra kao, dependiendo del tono con el que la digas puede significar arroz, comida, blanco, rodilla o nueve… un quilombo. Si llega un cliente, se suma a la clase o espera sin que lo atraviese ni un gramo de ansiedad.

Amo sus tiempos…

Frase del día: Tao Rai Ka / Krab -cuándo vale?

Otras tardes, el templo me llama con una canción.

En una caminata escuchamos esa misma canción y entramos. Las señoras del pueblo están en una clase de baile y me invitan a unirme. Cuando terminamos me dicen con señas que vuelva en dos días.

Día por medio bailo con ellas en el templo

Cuando vuelvo agarro unas hojitas de menta de la calle y preparo un licuado bien fresco de frutas.

Después de andar un par de años contando los kilos de mi mochila, en Bangkok se nos unió una nueva compañera. Siguiendo la pirámide, busqué si alguien vendía una usadita.

En todo Bangkok, había una sola y estaba a 3 cuadras de mi casa. Era EL momento.

Bienvenida a la familia cebolla!

Tomamos el licuado mientras miramos el atardecer. Cada día el cielo estalla en colores diferentes…

Si no son los colores, es la lluvia que se avecina; pasamos horas mirando las tormentas eléctricas desde la galería.

Algunas tardes preparo un dulce. Tal vez el postre tailandés por excelencia haya sido la estrella: Kao Niew Mamuang. -arroz pegajoso con mango-.

Juan lo cataloga como “la evolución del arroz con leche”. Se hace con arroz glutinoso que se deja en remojo toda la noche y se lo cocina en una de estas cestas hermosas al vapor:

También preparé un arroz con leche pero fue un fracaso – aunque a las gallinas les encantó.

También amasé mi primer roti que le llevé de sorpresa a Juan servido en una hoja de banano que saqué del costado de la casa mientras volaba de felicidad por tener acceso a semejante simplicidad.

#NOMEVOYMASDEASIA

Cada tarde las señoras sacan algo distinto, en éste caso, tallos de lotos de su estanque que nos venden por centavos.

Hay que pelarlos y sacarles todos los filamentos, tarea que a Juan le lleva una hora aproximadamente. Mientras voy y vengo preparando el resto de los platos, Juan está quieto pelando en silencio. Pienso que tal vez está odiándome por encargarle esa tarea, pero aparentemente tras unos minutos de resistencia entra en ese trance que la cocina te regala cuando te entregas a sentir las texturas, las formas, las direcciones de las fibras mientras la mente disimuladamente se va calmando.

Los sonidos de la noche acompañan a esas manos que agarran filamento tras filamento.

Desde que llegué a Tailandia  vivo atravesada por una extraña calma y sospecho que los sonidos que me rodean tienen mucho que ver. Los sonidos son los elementos más primarios que registra nuestro psiquismo, me dice por teléfono Naty -mi amiga psicóloga-.

Por tres meses, repetimos la misma rutina que cada tanto se altera por el templo y las festividades.

el templo del pueblo, desde casa

 

día de ordenación de monjes

Otra vez, la música del templo nos llama. En la Tailandia budista tienen la tradición de que todos los hombres sean monjes al menos por una determinada cantidad de tiempo -que puede ir desde un día a un año-. Es una forma más de hacer mérito y atraer buenas circunstancias para ésta y la vida que sigue. O también, por ejemplo, cuando alguien muere, un hombre de la familia puede hacerse monje para compartir sus méritos con el fallecido.

Los camalotes van a ser los contenedores del pelo.

Los monjes rapan.

Cada integrante de la familia va a colaborar en limpiar al nuevo monje.

Algunos la pasan bien. Otros están con los huevos inflados.

 

Songkran

El tiempo fue pasando y llegó Songkran, el verdadero Año Nuevo tailandés. Ellos usan la muerte de Gautama Buda, en Marzo del año 543 a.C, como punto cero. Si sumas 543 a nuestro año te da el año de ellos: hoy están en el año 2562.

Se festeja con agua y Lao Khao (whisky de arroz). Vayas donde vayas, ese día volves empapado y borracho.

Algunos llenan la parte de atrás de sus camionetas con agua y hielo .

También Llegó el cumpleaños de Juan donde agarramos la moto e hicimos unos 200 kilómetros hasta un pueblo que queríamos visitar hace tiempo.

Mi presente fue 1kg de yerba. En un grupo de Facebook de Argentinos en Tailandia encontré a alguien en Bangkok que justo viajaba para Chiang Mai dispuesto a donarme un kilito. Natalie la recibió y me la mandó por correo a la casa de un vecino para que Juan no la vea. ❤️ Para quienes piensan que las redes sociales únicamente fosilizan neuronas!

Gracias Mark Zuckerberg!

 

Festival de la puerta

Ellos siempre encuentran excusas para armar festivales. Ésta vez nos costó un huevo enterarnos qué se celebraba. Durante tres días el pueblo se paralizó para festejar que se terminó de pintar la puerta principal del templo.

Hubo música, mercado nocturno. ¿Quién dijo que no pasaba nada?

Éste escenario está montado sobre un camión en el medio de la calle:

Nos habían dicho que en unos de los días iba a haber Muay Thai en el templo (boxeo tailandés), pero asumimos que fue un error de interpretación.

Pero una noche, al escuchar tambores, me voy con la bici y vuelvo desesperada a buscar a Juan:
-VAMOS YA! 

Juan con el monje amigo

El vecino que está a la derecha de Juan me pregunta si tengo hambre y me lleva a la cocina del templo donde entra como si fuera una extensión de su casa. Me dice que me agarre lo que quiera. Ante mi inhibición, él y un monje empiezan a darme frutas y dulces hechos por las señoras del barrio -arroz con algo dulce adentro, cocinado al vapor, envuelto en hojas de banana.

El señor se mueve por el templo como por su casa. Ese templo, como cada templo que hay en Tailandia está construido a base de donaciones de la gente del pueblo. Cada monje come gracias a la comida que el pueblo cocina cada día. Ese espacio es de TODOS. Y la gente se lo apropia.

Con las manos llenas de comida, me voy a ver el show. Los primeros contrincantes ya salieron al ring!

Joder! Estamos en un evento familiar!

Siempre pensé al boxeo como otro producto de la infinita creatividad humana por agregar una dosis extra de violencia a la vida.

Empiezo sufriendo, son muy chiquitos…

Pero las edades van aumentando, los luchadores van pasando al mismo ritmo que mis teorías. Lo dejo a Juan, tengo que irme adelante de todo.

Me gusta como ciertas fotos podrían pasar tranquilamente como las de un encuentro sexual:

El muai tai se combate con música de tambores. En cada pausa o respiro los luchadores vuelven a ese ritmo generando una especie de danza tribal.

De a poco el aire se llena de humo de cigarros y gritos desenfrenados: las apuestas empezaron. Recordemos la ubicación: un templo!

La adrenalina y la taquicardia acaban borrando cualquier interés por el bienestar de los humanos que están en el ring. Para cuando llegan las moles adultas, el agarrar la cámara de fotos no es una opción. Estoy a los gritos, en otra órbita, conteniendo a un corazón que tantea mis límites. TENNNSIÒNNN!!!

Vuelvo a casa bailando al ritmo de los tambores imaginándome practicando muay thai en otra vida, con la ligereza de quien se despoja de viejas ideas. Pero la fiesta no terminó ahí: se siguen en la casa del vecino que nos invita a su ceremonial reunión de comida, lao khao y karaoke. Solíamos huirle pero sorpresivamente terminamos monopolizando los micrófonos.

Afuera de la casa tienen el equipo completo: tremendo plasma, parlantes y micrófonos. Adentro, la casa está literalmente vacía. No hay ni un mueble. El calor -y la sagrada seguridad- hace que la vida pase afuera. La cocina, el living, el karaoke, todo está afuera protegido por la casita de espíritus.

El último día del festival una señora que no creo conocer aparece en casa y me hace señas para que la siga.

El no entender el idioma hace que la vida se desenvuelva en un halo de sorpresas. De un segundo para el otro, mi día toma un rumbo inesperado. Aparentemente las señoras no estaban bailando en el templo por un mero acto recreacional como yo pensaba. Las últimas semanas, estuvieron preparándose para cerrar el último día del festival para el que improvisaron un trajecito para la nueva integrante:

Y a bailar!

En lugar de Bailando por un Sueño, acá estamos Bailando por un Templo. Los festivales son una gran fuente de ingresos para el templo. Los Facebook de todas nuestras vecinas están repletos de fotos haciendo méritos. Olemos que quien dona más tiempo y plata al templo es el más popular del barrio. Olemos superficialidad. Olemos humanidad.

Cada viaje vamos ganando soltura para abrirnos y meternos más adentro de sus universos. Tres años atrás ésto hubiera sido imposible.

Pasados tres meses de trabajo, el proyecto y nuestra visa llegan a su fin. Unos días antes de irnos nos vamos a Chiang Rai, una ciudad a 60 kilómetros para comprar algunas cosas para llevarnos a Laos y de paso visitar el Templo Azul.

Antes de emprender la vuelta pasamos por el mercado nocturno para picotear algo y nos encontramos al maestro de baile de Khun Tan con algunas chicas dando un show. Ni bien nos ve, pone la canción que yo sé.

bailando en el mercado nocturno de Chiang Rai

A la hora de volver, nos invitan a pasar la noche en sus casas para que no tengamos que viajar de noche; pero esa noche yo sé quien va a salir.
Esa noche la luna llena va a reflejarse en cada campo de arroz y el viaje en moto va a ser una belleza.

Desde que empezamos a viajar, nunca nos quedamos tanto tiempo en el mismo lugar. Tras pasar un día registrando lo integrados que estamos con la comunidad, a la mañana siguiente llega lo inevitable: mi día de duelo.

Es el día de asimilar que éste capítulo está por llegar a su fin. Es un día de lágrimas, pesadez y escasas energías. La rutina del viajar me enseñó que son días que hay que transitar sin combatir lo que se siente. Eventualmente pasa. Como todo.

Dos días después llega el duelo de Juan. Yo lloro, él se enoja con todo lo que lo rodea.

Ya ligeros por haber atravesado ambos duelos, estamos listos para seguir. La última tarde me voy al mercado a despedirme de ella, que no puede ser más hermosa:

mi señora del mercado

Cerraba tarde sólo para esperar a la farang con horarios extraños y mandaba a una amiga a mi casa cada vez que me olvidaba las compras en su puesto. Ella, que me traía el tofu del pueblo de al lado sólo para mí, ese último día me trae algo que le había encargado hace un tiempo: semillas de loto, que obviamente ni me cobra.

Recibo las semillas sonriendo, sabiendo que no solamente me está dando mi cena, sino el cierre perfecto para éste post.

Para que las ubiques, éstos son las etapas de la flor de loto:

Ella me trajo la parte amarilla del centro pero ya madura. Cuando está lista para soltar sus semillas y reproducirse.

Esa última noche, después de hacer una limpieza profunda de la casa, me siento a preparar la última comida de la temporada acompañada por los grillos.

Primero saco las semillas de la estructura:

Después las pelo:

Llevo conmigo un masala para vegetales (sabji) con el que salteo las semillas junto con ají y ajo. Cierro mi exploración tailandesa haciendo una fusión con India.

Debería seguir la foto del plato terminado, pero se me olvidó. Salió riquísimo.

Durante éstos tres meses cociné una receta nueva por comida dando un total de al menos unas 180 recetas de los cuales no tengo ningún registro fotográfico. Como dice Juan, en éste capítulo cociné “a garrafa limpia”. No me lo propuse, simplemente sucedió.

Khun Tan fue mi universidad. Me gradué en cocina thai, me especialicé en comida china con algunas visitas a la cocina coreana y japonesa.

Cuando cocinamos, lo hacemos con plena consciencia de que lo que estamos haciendo es un lujo, tenemos tiempo.

Hoy, que el cocinar se vuelve opcional, nos gustaría recordar que no es un proceso que involucra una mera transformación de la materia. Es una actividad que puede envolver una forma de meditación, una forma de dar amor, y hoy, más que nunca, una acción política de protesta y revolución contra el sistema, que como tal afecta al individuo que la realiza y a todos los que lo rodean. 

Plantamos éstas semillas en éste campo virtual con el deseo de que al menos una, germine.

Hasta pronto y bon appétit!

Flor y Juan

 


VIDEO DE YAPA
-¡usá auriculares!-


 

7 comentarios en “Capítulo 21: Tailandia y la semilla del tiempo

  1. Sabrina Pace dijo:

    Tuve que abandonar a la mitad el texto porque me estaba agarrando un hambre y una tentación terribles. Hasta el momento, lo disfruté tanto como vos disfrutás el oliva! Qué lindo Thailandia y su magia. y la de ustedes, obvio.

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  2. caminantewilly dijo:

    Ay Florcita… ay chicos… qué maravilla de meditación! Seguí sus instrucciones, de leer pausado disfrutando el espacio entre las palabras hasta ser consumido por eso… de usar auriculares y quedarme extasiado con los sonidos de mañana, tarde y noche y el vídeo maravilloso que subieron… y les puedo asegurar que fue una de las mejores meditaciones de mi vida!!! <3 LAS MIL GRACIAS no alcanzan, cada párrafo se disfruta, se vibra, se siente como propio, se ama… las fotos de locos, la atmósfera y los cambios de que vas recreando con tu relato… y vos hermosura tenés un don natural para fusionarte con la gente… así como Juan lo tiene para caerles bien a todo el mundo, vos te mimetizás… esa foto vestida de rosa (en todas lucís hermosa) es la armonía de la belleza y la gratitud juntas… en china te volvés china y en india parecías india y acá parecías argentina… pero no sos de nadie, sos tuya y eso te hace darte con el corazón abierto y la capacidad de expresarte de esta hermosa manera! Me encanta que bailes, rías mucho y también llores.. pero más que hables de cocina, porque sabés qué? Lo que cocinas son nuestros corazones, nuestras mentes se vuelven tiernas en ese fuego tuyo que va variando de fuerte a suave mientras uno se disuelve entre tus toques de dulzura y tus explosiones de creatividad… En india se usa mucho decir que el Gurú te va cocinando hasta que estés lo suficientemente puro para que Dios (Siva) te coma o te absorba… y eso siento con tus posts… que al final nos terminamos llenando de energía, porque sin saberlo nos fuimos comiendo tu alma y nos sentimos reunidos con vos encontrando siempre nuevos rumbos para la sensibilidad y para el amor… sos un SOL en la tierra… y aunque esté tentado a decirte que tenés muchísimo talento de escritora, lo que siento ahora es que tenés talento para todo, para SER… y todo lo vivís como tu arte… como el arte de ser vos misma… como la expansión de vivir sin límites y a puro pecho… a corazón abierto! GRACIAS DE NUEVO A LOS DOS POR SER TAN HERMOSOS Y TRANSMITIRLO… POR EXISTIR TAN LIBREMENTE Y SEGUIR MANTENIENDO ESTE MILAGRO DE ESTAR CONECTADOS A KMS DE DISTANCIA Y A NADA DE NUESTROS CORAZONES!!! LOS AMO; NOS AMO SIEMPRE AQUÍ Y AHORA!

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  3. Ger dijo:

    Hola Cebolles! Me parece alucinante este post! Tremenda cantidad y calidad de COMIDA!!! Esos cielos tormentosos, y la materia sonora que aliento a que agreguen mucha más en los próximos que nos regalen!

    Ahora a lo importante, quiero comer TODO eso eh!!! Que lindo ese recuerdo de ver la heladera de resistencia sin alimentos congelados Florcita!!! :)

    Como dijo CaminanteWilly en relación a la escritura y a la grositud del relato, quiero sumar otro poroto para que salga a la luz el libro de Recetas de FlorCebolla!!! Los quiero mucho y espero verlos pronto y probar todo eso :)

    Pd: Juancho se dió un baño de sabiduría ancestral en ese templo azul y oro =P

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    • cebollanomade dijo:

      Un mes y monedas más tarde finalmente te respondo! No se si soles leernos, pero me encanta que te hayas encontrado en el relato! Gracias por dejarnos tu valioso poroto, vamos a ver para dónde se ramifica todo ésto. Te quiero mucho.

      Muchas muchas GRACIAS!

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  4. Ceci dijo:

    Hola Flor y Juan, soy mama de un niño que fue (felizmente) alumno de Ceci y es gracias a ella que llegue a ustedes. Comencé leyendo el cap 21 y quede totalmente fascinada y atrapada en cada uno de los relatos. Ni bien termine comencé desde el 1. En cada hueco libre que encontraba me sumergía en el mundo cebolla y mi cabeza viajaba con ustedes. Fueron mi compañía, aprendí, me nutrí y de alguna manera me sentí cerca de ustedes.
    Ahora estoy en ese estado en que te deja finalizar un libro que te encanto. Tengo un vacío enorme jajaa!!!! Acá espero ansiosa el próximo capitulo sin antes darles un GRACIAS enorme por compartir sus aventuras con todos nosotros.
    Les mando un abrazo gigante!!!

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    • cebollanomade dijo:

      Hola Ceci soy Flor! Disculpá por tardar tanto en contestar, mis tiempos son lentos… ya los vas a vivir esperando los capítulos nuevos!
      Recibí tu mensaje justo cuando necesitaba recibirlo y me puse a trabajar en el capítulo que sigue.
      Nunca había puesto en palabras la sensación de terminar un libro que me gustó mucho… Viví ese vacío muchas veces y me resulta muy loco que ahora nosotros hayamos generado ese vacío en un otro.
      GRACIAS A VOS, tu mensaje es motivación pura.

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