Caminando por Nepal

Tené cuidado porque en éste post se te van a explotar los ojos!

Tras pasar exactamente 180 días en India nos cruzamos a Nepal, corriendo.
Corriendo y sudando el verano indio del cual escapábamos. Después de pasar los últimos 20 días indios viviendo en un pueblo chiquito en la paz de las montañas nos tomamos mil combis, buses destartalados y bici-rickshaws para lograr llegar a tiempo a la frontera con Nepal. 

Sabíamos todos los requisitos para entrar: llegar antes de las seis de la tarde, tener dólares para pagar la nueva visa y 2 fotos 4×4.
A la hora de entrar a un país nuevo solemos volvernos súper obsesivos. Llevamos todo lo que nos piden y más. Pero seis meses en India te transforman, quieras o no.

Llegamos a las 7, una hora tarde, y sin NADA.

Era el último día de visa que nos quedaba y la oficina estaba obviamente cerrada. Pero un oficial indio fue a llamar a otro, que fue a llamar a otro que nos hizo la sagrada excepción de dejarnos salir del país y sellarnos el pasaporte. Gracias infinitas a India y sus irregularidades!

Del lado nepalí nos pidieron las fotos y los dólares y les dimos todo lo que teníamos: una sonrisa y rupias indias.

Adentro!

Yo estaba atravesando el duelo de tener que dejar India y me daba igual venir a Nepal. Al final las energías quedaron invertidas, Juan estuvo a punto de tener un colapso nervioso por el caos y la ineficacia a la hora de moverte… (a la hora de vivir, más específicamente). Y yo estaba por necesitar una topadora para que me saquen del país. Me daba TODO igual. Pensaba que mi vida iba a perder el sentido y que después de India nada iba a poder sorprenderme de nuevo.

N A D A

Pero lo grandioso de no esperar nada es que nunca te vas a decepcionar! Y así fue! Doy gracias de haber venido a Nepal. Tierra calma, sin exabruptos pero poderosa.

Juan llegó feliz. Dejó India queriendo prenderla fuego pero Nepal lo recibió recordándole que al fin y al cabo, no es más que una prima hermana de su vecina… Llegar a su capital en bus desde la frontera (450km) nos llevó ¡26 horas!. Por si se te complica el cálculo: viajamos a un promedio de 17 km por hora.

Si, moverse por Nepal es una patada en las bolas, bien fuerte.

Es muy triste porque los nepalíes te cuentan que son uno de los pocos países no colonizados de Asia, pero que les hubiera gustado que los colonicen. Las colonias te chupan la sangre, pero al menos cuando se van te dejan el sistema de trenes que crearon para vaciarte de recursos.

Ellos no tienen nada. Mejor dicho, tienen la nada y terremotos…

Pero los terremotos no son tan dañinos comparados con la corrupción. Pospusimos Nepal varias veces porque sabíamos que tenían cortes de luz constantes y en ésta visita nos enteramos cómo fue que resolvieron el problema:
En la CAPITAL solían tener electricidad muy pocas horas al día, y justo en esas horas en las que tanto no la necesitas: cuando dormís. En el último cambio de gobierno registraron que quien estaba encargado de velar por los derechos del pueblo estaba haciendo negocios con la empresa que vende los generadores eléctricos.  De un día para el otro, la electricidad en Katmandú funcionó normalmente…

-Ay qué tremendo éstos países pobres-, pensé. (Como si yo fuese de Escandinavia). Después de re-asimilar mis orígenes recordé que el país gigante del cual provenimos (Argentina) carece de trenes porque  (entre tantas cosas) tenemos un representante sindical de micros y camiones tan poderoso que te voltea cualquier plan que tenga como objetivo revivir al tren y competir con sus protegidos. A la hora de gobernar, somos todos primos hermanos. Primer mundo, segundo, o tercero.

 

Katmandú y el efecto India


Cuando llegamos a la capital nos pareció una paz de lugar. Pero esa era India que seguía adentro nuestro distorsionándonos la realidad. Katmandú es un caos!.
Alquilamos un departamento muy cómodo y sencillo donde todo lo que había en él funcionaba. Rarísimo.
Sentíamos una extraña tranquilidad que no lográbamos detectar de dónde provenía. El departamento estaba muy bien, tenia una linda terraza con flores, el barrio era residencial y bastante tranquilo. Pero tampoco tenía nada demasiado especial.

Con el pasar de los días nos dimos cuenta que nadie entraba a nuestra casa. Nadie nos visitaba, se metía o se instalaba. En India el aislarse es difícil, por no decir imposible… Ellos necesitan saber quién sos, qué haces, si tenés un trabajo para ofrecerle a un primo que está buscando, invitarte a su casa, revisar tu heladera para ver qué come el extranjero, etc.

Infinitas son las razones que hacen que hayamos tenido indios metidos en nuestras casas TODOS LOS DIAS. Los espacios son abiertos para ellos. Propiedad privada y, sobre todo,  privacidad son conceptos extraterrestres.
Si, les podríamos haber puesto un límite. Pero es lindo que  venga alguien y te derrumbe  el entretejido de reglas y estructuras que te armaste con el correr de tu vida. Registrar la fragilidad/irrealidad de las percepciones e interpretaciones que codificamos cada día teñidos por la cultura en la que nos tocó criarnos.

Casa tomada

Con el tiempo se nos volvió tan natural que nos costó llegar a identificar qué era lo que nos hacia sentir TAN TRANQUILOS en nuestra nueva casa nepalí.

Muy lindo aprendizaje pero, HOLA PRIVACIDAD otra vez!!!!

Katmandú nos enseñó que hay algo peor que una capital gris y llena de asfalto: una capital gris SIN asfalto.
Esa es ella. Solo tiene pavimento en alguna que otra calle y está decorada con semáforos rotos. La gente anda con barbijo por la polución y el polvo que levantan los autos en la tierra.

Cuando empezamos a viajar, leí en un foro que alguien preguntaba qué ciudad  le recomendaban que sea “buena para caminar”. Pregunta que me resultó ridícula teniendo en cuenta que tus piernas funcionan en todas las ciudades.

Ahora que mi perspectiva aumenta, puedo responderle a éste señor que Katmandú definitivamente NO ES una ciudad para caminar. En éste momento (Junio) estamos entrando en época de monzón y llueve casi todos los mediodías, lo que convierte a la ciudad en una pantano gigante.

Pantano al que varias veces caí. Al no asfalto se le suma la no-vereda. No hay una zona sólida donde pisar. PERO la temporada en India me entrenó para resolver ésta situación en segundos: buscas a la vaca más cercana y te limpias en su cuero. Después te reís sola como una loca cuando te das cuenta que tu vida se volvió muy bizarra!

El efecto India también estuvo presente a la hora de recorrer los templos tibetanos. Ninguno nos movió demasiado. Los indios tienen su mini templo/altar en cada casa súper intervenido por pinturas, inciensos, comida, fotos, cuadros e infinidad de ofrendas diarias. Los Nepalíes viven la espiritualidad/religión desde un lugar mucho más tranquilo. Nadie grita, ni se exalta mucho en los templos, lo que nos resultó bastante aburrido al principio. El tiempo nos dio la posibilidad de ir apreciándolos cada día un poquito más.

Banderines tibetanos

Los apreciamos, pero no tiene comparación con la excitación india que te llena de ofrendas hasta las vacas!

sahumerio en banana

Ay cómo la extrañoooo!

Y, tras habernos encontrado en Malasia y Filipinas, en Katmandú volvimos a juntarnos con nuestra amiga Irene, que después de andar viajando por tres años, está a días de volver a su tierra malagueña. Ella empezó a viajar con el sueño de recorrer el mundo entero, pero se encontró con Asia y quedó atrapada. El problema de muchos. Con ella nos fuimos para nuestro próximo destino: Pokhara.

Pokhara, la puerta al cielo

La gran mayoría de los turistas que visita éste país lo hace por interés religioso (Nepal esta ensanguchado entre la India y el Tibet: dos bombas espirituales) o para hacer trekkings (senderismo).

Desde Pokhara se puede acceder a infinitos caminos para ver o escalar los Himalayas. El pueblo en sí es bastante tranquilo y está al servicio del turista. Nada demasiado autóctono: cerveza, porro y pizza.

Nos tomamos un par de días para recorrerlo y terminar de convencer a Irene de hacer algún trekking. Mi amiga dice ser “fóbica a las bajadas”. Pero por suerte la única que parece creérselo es ella. Ni Juan ni yo le creímos y la “fóbica a las bajadas” terminó bajando 5500 m de altura.

Una vez decididos, alquilamos y compramos todo lo que nuestro nulo nivel de experiencia nos permitió suponer que necesitaríamos: botas para la montaña, ponchos para la lluvia, abrigo para la nieve, bastones, linternas, mapas, medicamentos, silbato por si nos perdíamos, provisiones, etc.

Justo esa semana habían encontrado a una pareja de coreanos que se habían refugiado de una tormenta de nieve en una cueva. Estuvieron 40 días desaparecidos. El chico estaba vivo pero su compañera había muerto en el día 38.

Feroz noticia.

Yo me cargué la mochila de comida decidida a llegar, en el peor de los casos, al día 40. Me tomé el trabajo de elegir con mucha conciencia qué chocolates me iba a comer si la tragedia me visitaba. La glucosa en semejantes situaciones es clave, así que compré chocolates rellenos de Oreo marca Cadbury (o Cangurín, como le dice la Tita, la abuela de Juancho, que nunca logró leer bien la caligrafía confusa del logo).

Cadbury o Cangurín, a los 15 días empecé a menstruar y las hormonas tomaron control de mi cuerpo. Le dieron la orden a mis manos de abrir la mochila y de arrasar con todas las provisiones.
No quedó nada. Salvo un ser inmovilizado por una inminente diabetes.

En fin, el 4 de Mayo nos tomamos el bus que nos llevaría al punto de partida. Caminamos llenos de emoción y polenta! Rebalsábamos energía!
Con la emoción se empezó a mezclar el leve dolorcito de pies que me estaban dando las botas que había comprado hacía menos de 24hs.

Nunca usé botas y estaba tomando la horrible decisión de empezar un trekking con botas sin ablandar. El dolor TENIA que ser normal. Seguí.

Después de pasar otro día en un bus nepalí para hacer 20 kilómetros, llegamos al punto de partida de noche y automáticamente me largué a llorar. Era un hecho: las putas botas me quedaban chicas. Con lo que me cuesta gastar plata me compré las mejores botas que encontré, las más caras y las más CHICAS!

Irene y Juan insistieron en que las vaya a cambiar, pero antes de pasar otro día en un micro prefería cortarme las venas o que se me deformen los pies. Además el sueño de Juan era caminar por los Himalayas y planeamos todo para que empiece su cumpleaños en las montañas, no en un micro yendo a cambiar botas.

Así que en silencio y con mi rabia como testigo, prometí seguir sin emitir queja alguna.
Me puse creativa y cada día desarrollé técnicas nuevas para sentir menos dolor. Ninguna funcionó. Acá la peor de todas: a falta de algodón, pies envueltos en toallitas:

Y empezamos!

5/5 Cumpleaños en los Himalayas!

Hay circuitos para todos los gustos y estados físicos. El más popular es uno de 5 días, pero queríamos desafiarnos un poquito más y elegimos un recorrido que se llama Round Annapurna y es un semi-círculo de 250 km que rodea todos los Annapurnas, unas tremendas bestias de más de 8000 metros de altura. Cruzamos selvas, desiertos y montañas conectadas por caminos de caballo que construyeron los pueblitos tibetanos hace mil años. Hicimos el camino clásico completo y nos llevó 19 días.

Al cuarto día Juan estaba con una especie de intoxicación, Irene con una cagadera que nos obligó a parar y mis pies ya llenos de ampollas. A ese combo se le sumó la incertidumbre de no saber exactamente cuánto nos faltaba. La cabeza empezó a hacerme preguntas poco oportunas como: -PARA QUÉ ESTÁS HACIENDO ESTO? Tenia un departamento enorme y comodísimo en un pueblo muy tranquilo, rodeado de verdulerías y tiendas que vendían un queso casero riquísimo.¿Para qué me meto en estas cosas? Reflexiones que obviamente no salieron de mí para no contaminar la moral grupal.

En el camino nos fuimos cruzando con gente experimentada que nos contó que es la típica crisis del día 3 o 4 en las caminatas largas. Una vez que la pasas, ya estás. Y así fue. El cuerpo es una máquina, y la mente es tremenda. El –no puedo más- es una construcción mental. Ni bien tu mente dice -sí puedo- la voluntad hace su magia y el cuerpo sigue.

Al no estar acostumbrados a exigirle demasiado al cuerpo nos dimos cuenta que es mucho mas poderoso de lo que pensábamos. 250 km!

Saqué muy pocas fotos en parte porque no tenia tiempo. Descubrimos otra habilidad de Juan: Sube montañas a la velocidad de quienes entrenan hace años; y había que alcanzarlo. Por otro lado no me creía capaz de captar la inmensidad que nos rodeaba. Pero por suerte él, en sus pausas para esperarnos, se encargó de registrar la aventura y la inmensidad!

La mayoría de mis fotos son de cocinas. Encontré unas cocinas tremendas!

Las cocinas con sus fuegos son el corazón de las casas. Todos se reúnen alrededor del fueguito para calentarse, comer y charlar.

Cada pueblo que cruzamos tenía su identidad propia. Su gente. Sus caras. Sus animales.
Éste trekking fue muchas veces seleccionado andá a saber por quién como el trekking más lindo del mundo por sus paisajes y sobre todo por su diversidad:
– La geografía cambia constantemente. Húmedo, caluroso, seco, árido, moho, nieve, montañas de arroz, de té, de cabras, búfalos, yaks (vacas peludas de las alturas que dan un queso de la ostia!).
– Y la cultura de los pueblitos también, desde aldeas únicas que estuvieron aisladas por siglos hasta pueblitos tibetanos que se asentaron en lugares remotos/impensados buscando paz después del genocidio donde murieron más de un millón de tibetanos.

Es muy fuerte tratar de entender cómo ésta gente tan simple y pacífica pudo resistir a tan brutal opresión, al destierro y al frío del exilio. Y sin embargo ahí están, aguantando y manteniendo vivas sus raíces y bien aferrados a su fe, que fue la causa de todo… El budismo Tibetano no sólo está bien vivo acá en Nepal, sino que miles de personas de todas partes del mundo vienen a conocerlo y estudiarlo para colaborar así con su expansión y su conservación.

Cada día fue una historia completamente distinta. Hasta la comida sabía diferente.
Llegábamos a cada almuerzo y cada cena con un hambre voraz y se disfrutaba todo el doble.

El mejor almuerzo fue sin duda uno en la galería de una casita vacía que encontramos en el camino. Estábamos rodeados de montañas que daban a un campo donde había un caballo blanco atado. A lo lejos se veían unos 50 yaks trepados a una montaña super empinada, comiendo a alturas que nunca nos hubiéramos imaginado que una vaca podría subir.

Veníamos de Manang, el pueblo más desarrollado, tal vez porque es donde la gente se queda más tiempo para poder aclimatarse a la altura. Ahí encontramos croissants y queso de yak. Con el hambre de caminar kilómetros por las montañas, nos sentamos en ese casita para refugiarnos del viento y nos rellenamos las medialunas con el queso que sabe a ahumado.

Irene es celíaca y su manjar fue queso con dátiles. Comimos en silencio. Saboreando y registrando lo afortunados que somos.
Al rato vino alguien y se llevó el caballo. Guardamos todo y seguimos camino.

No era éste lugar, pero era muy parecido

Haciendo su propia harina de maíz. Secó los granos y a la piedra. La celíaca choca!

Y así fueron pasando los días. La única ocupación que teníamos era comer, dormir y caminar. Nada más.

Cuando llegábamos al hotel en donde íbamos a pasar la noche nos tomábamos el Tecito de la Victoria. Era el brindis de los campeones, otro objetivo logrado. Solía ser un té de jengibre con limón y miel. Si estábamos muy congelados o cansados nos metíamos un rato en la cama, sino a recorrer el pueblo y a esperar la cena.

Por la noche, el silencio de la montaña nos acunaba. No se escuchaba NADA. Qué bien que se dormía…

Caminamos un promedio de 15-20 km diarios. Cuando empezamos a estar más alto caminamos menos. Una vez que pasás los 3500 metros, lo ideal es no subir más de 500m por día para que no te agarre el famoso mal de altura. Llevábamos un kit de emergencia super equipado pero nunca lo necesitamos más que para curarme las infinitas ampollas.

La noche anterior a llegar al punto más alto del recorrido, salimos a las 4am junto a unos amigos franceses que hicimos en el camino y subimos el último tramo por montañas llenas de nieve iluminados por la luna y por las linternas que llevábamos en la cabeza.

Al estar viajando tenemos experiencias nuevas constantemente, pero ésta era una de esas en donde nos preguntábamos -EN SERIO ESTOY ACÁ?- Me dolía la cara de sonreír.
Había un silencio extremo. Sólo se escuchaba el ruido de nuestras pisadas hundiéndose en la nieve. Los pies reconocían la diferencia entre caminar por hielo y caminar por nieve. Todo nuevo. Ay Carajo! Y la luna constantemente arriba nuestro. Experiencia inolvidable si las hay!

Esa jornada llegamos al punto más alto: Thorong La, el paso entre montañas más grande del mundo!
Los tres soltamos unas lágrimas. Estas experiencias nos expanden esos limites que imaginamos tener.

 

La parte más difícil

Subir la montaña por la nieve a 5500 metros de altura con poco oxígeno y frío polar fue difícil. Pero la naturaleza nos dio desafíos todavía más fuertes que ese.
En varios sectores del trekking crece ésta plantita:

Si, la marihuana es un yuyo. Y por momentos no te queda otra que PISARLA!

Yo no podía creerlo. Cuando teníamos nuestras plantas en Buenos Aires lo primero que hacía Juan por la mañana era salir a ver cómo estaban. Se fijaba si algún bichito estaba comiéndoselas, chequeábamos que no aparezcan bolas, veíamos cómo crecían sus florcitas, etc.  Amábamos cuidar esas plantas. Creo que si tuviésemos un hijo no lo cuidaríamos tanto como a estas plantas.

Cuando nos íbamos a Sauce (casita de la playa) siempre dejábamos a un encargado de cuidarlas que nos mandaba fotos y noticias de las chicas.

Y ahora…. las pisábamos. Durísimo.
Ya sé lo que varios se deben estar preguntando. No, no era la época.
Cuestión que las usan para curar la diarrea de las cabritas bebes.

Quiero ser cabrita bebe con diarrea!!!

Éstas bellezas nos acompañaron durante todo el camino. Si la Casa Cebolla aparece, sin dudas ellas van a formar parte. (Cabras y plantas)

Cuando cruzábamos por unos puentes colgantes larguísimos me preguntaba si era buena idea cruzar los tres al mismo tiempo. Hasta que un pastor me hizo sentir muy ridícula cuando decidió cruzar sus 200 (!!!!) cabras al mismo tiempo.

La seguridad en el trekking, como todo en la vida, es relativa. Al ser un país que prácticamente come por la gente que viene a hacer ésta actividad, dimos por sentado que la señalización del camino iba a ser clarísima. Pero ellos deben de tener muy inculcado el hacer caridad y le entregaron el trabajo de señalización al cieguito del barrio.

Encontrar las señales era como una búsqueda del tesoro. Por momentos divertida, pero cuando se acercaba la noche, no tanto. (Tenés la opción de hacer el recorrido con un guía y/o portadores que carguen tus cosas pero por decisión unánime decidimos hacerlo solos cargando nuestras nuestras mochilas. Llevamos unos 10 kg cada uno.

Básicamente llegamos a los destinos gracias al mapa y a la ayuda de los pueblerinos.

Ésta familia también hizo buen uso del mapa. A su modo…

El volver a la civilización fue esperado, pero chocante. Pokhara, a pesar de ser un pueblo chico, nos parecía Tokyo en hora pico después de tanto tiempo en la montaña. El calor, el ruido, ver otra vez tanta gente amontonada en un mismo lugar…
La melancolía nos acompañó varios días hasta que nuestros hermanos del alma Sebi y Javi llegaron para espantarla.

 

Y otra vez a Katmandú

Hubo una época en mi vida en que mis dotes geográficos no me permitían unir el nombre Katmandú con -capital de Nepal- y simplemente imaginaba un lugar mágico en alguna parte del mundo. Nunca lo hubiera asociado a ésta ciudad tan fulera.

PERO (!!!!) el tiempo nos permitió encontrar esa magia que estaba escondida, pero estaba!

Sebas y Javi están viviendo en India y vinieron a Nepal para renovar su visa. Paramos en el barrio donde está una de las estupas más grandes de Asia: Boudhanath.

Ésto es una estupa

Es un lugar sagrado budista donde miles de peregrinos se reúnen a rezar sus mantras mientras le dan vueltas en círculos. Siempre hacia la izquierda.

Para nosotros también fue un lugar sagrado porque se genera una especie de burbuja mística de 4 cuadras a la redonda donde el caos de Katmandú desaparece. No hay autos, ni motos, ni ruido ni polvo. Por las calles la mitad de la gente que nos cruzamos son personas peladas vestidas de bordó. Monjes budistas!

Buscamos pero no encontramos una casa lo suficientemente grande para nuestras almas. Sebi y yo podemos ponernos extremadamente ruidosos y Juan estaba por terminar su primer disco y necesitaba unas 5 hectáreas de espacio, así que nos quedamos en un hotel que tiene un jardín gigante y un espacio de trabajo muy cómodo.

Hippies con OSDE

Cada uno trabajó en sus proyectos y nos disfrutamos acompañándonos, ayudándonos, combinándonos y tomando MATE!!!! Triple reencuentro!

En las dos semanas que pasamos juntos no salimos de la burbuja salvo para hacer algún que otro trámite o para hacer una excursión a la montaña de Shiva. Un taxi nos sacó, y un taxi nos devolvió a la burbuja. No había ninguna intención de tener contacto con el caos que había en el mundo de al lado.

Por las noches cada uno por separado se daba alguna que otra vuelta a la estupa y se volvía a dormir.
Desayunábamos, almorzábamos y cenábamos en el mismo lugar.
Los días pasaron y la misma rutina se repitió, pero cada día fue 100% único. La magia con ellos surge donde sea.

Luna llena en Kathmandú

En la luna llena de Mayo se festeja el Vesak, la fiesta budista más importante del año. Se conmemora el nacimiento, la vida y la muerte de Buda. El año pasado lo pasamos en Singapur. Éste año tocó en Nepal.

Ahora es cuando finalmente me callo y dejo que las fotos hablen por mi:

Una noche antes de que los chicos volasen de nuevo a India hicimos un ritual muy sencillo para despedirnos. Nos fuimos a la estupa con unas velitas y dejamos que el silencio y la luz del fuego sean los encargados de cerrar esa etapa.

Y para cerrar éste relato les dejo un cuento muy cortito de Galeano que Javi recordó en éstos días.

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Fragmento de “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano.

Ardamos con pasión!!
Hasta pronto fueguitos!!!

 

– Galería –

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3 comentarios en “Caminando por Nepal

  1. Angeles Sly dijo:

    Que manera atrapante de escribir! Me encanta. Y las vivencias parecen de película. Con cada lectura me pregunto cómo se sentirán cuando vuelvan, porque van a ser personas diferentes… después de tantas cosas mágicas vividas, lugares recorridos, tanto tiempo para pensar y encontrarse con uno sin la interrupción de la vida de la ciudad… Cuando leí Pokhara me acordé de una canción de Héroes del silencio, donde menciona sus lagos, los vieron? Besos.

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    • cebollanomade dijo:

      Nosotros nos preguntamos lo mismo. A veces me imagino caminando por Buenos Aires… viendo todo distinto. O no.. no sé. Gran misterio… Gracias por leernos y escribirnos! Yo te respondo escuchando -Bendecida de Heroes del Silencio-! No la conocía. Parece que le juró amor a su pareja en el lago de Pokhara :)

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  2. caminantewilly dijo:

    GENIAL, MARAVILLOSO… ME GUSTA ES POCO!!! Maravillado, para leerlo todos los días! Sos tan graciosa, pero no gracia de hacer reir… gracia divina de hacer que uno esté viviendo cada cosa que contás! La voy a leer varias veces más… las fotos son para imprimir, ustedes están hermosos y ese cuadro de Galeano al final (lo conocía, pero acá aplica mejor que nunca) se ensambla justo con todo lo que nos contás… La mariposa duda que te duda ante la llama, pero al convencerse de su amor, se lanza y vive, se quema y disfruta, se transforma y renace a la verdadera vida! <3 Gracias por compartir esta hermosura en todo sentido… pero la que más me gusta particularmente… la vivencia de tu corazón! TE AMO FLORCI!!! Y A JUANCHO… Y LOS CHICOS… MUCHA LUZ Y AMOR Y SIGAN ARDIENDO PARA ILUMINARNOS, QUE NOS FALTAN SIGLOS PARA NACER ASÍ!!! ;)

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